21 junio 2017

El teatro no le gusta a los jóvenes

Robert Lepage lleva peluca. ¿Ven ese flequillo rebelde? Es un pelucón. Lepage no es que no tenga un pelo de tonto: es que a los cinco años todo vello abandonó su cuerpo. Para no volver. Ni cejas, ni pestañas.

De niño, por supuesto, fue un infierno. Pero Lepage (Montreal, 1957) hizo de su cárcel su libertad. Educó su mirada. Se convirtió, voilá, en referencia en el teatro mundial. Y aún ahora, triunfal a los 50 años, sigue bajo su peluca. ¿Por qué? «Eso es un misterio», contesta él. Y sonríe.

El misterio -«Todo mi trabajo parte de lo que no entiendo»- lo es casi todo para el actor, director, dramaturgo y lo que toque Lepage, de los pocos capaces de trasladar, hoy, la sensibilidad moderna a un escenario. Porque son las mutaciones de un mundo en explosión permanente las que llenan obras como La cara oculta de la luna o The Andersen project, auténticos poemas visuales de tecnologizada hondura.

Lepage, en viaje eterno cual Ulises con sus shows a cuestas, recibió el pasado domingo en Tesalónica, cerca del Olimpo, a tiro de piedra de Samotracia, el XI Premio Europa de Teatro, un galardón de la UE que se postula para convertirse, en unos años, en un Nobel de la escena.

La mezcla, Lepage y la Antigua Grecia, fue pertinente: el canadiense es pura encrucijada y su compañía, Ex Machina, una torre de Babel de lenguas y hasta profesiones (informáticos, actores, artistas plásticos...). Más: Lepage lo mismo utiliza internet que evoca a Pina Bausch y Arianne Moushkine, igual se vale de las tradiciones orientales que reivindica el Barroco -«un tiempo que nos explica muy bien cómo somos hoy: era todo ambigüedad», dice-.

Cuando empezó a moverse por escenarios, en los 70, «había visto pocas obras de teatro, y no me gustaban. El cine es más influyente para mí». De alguna forma, lo mismo que puede suceder hoy: «Los jóvenes odian el teatro, les parece lento. Quieren emoción y hay que dársela».

Ésta es la crónica del paso de Lepage, un heterodoxo como se ve, por Tesalónica, una de las ciudades más antiguas de Europa y otro interesante cruce de caminos, de pasado heleno, bizantino, macedonio, normando, turco, judío y, finalmente, griego.

Se levanta el telón y Lepage está tirado en el suelo. Estamos en el Royal Theatre de Tesalónica y vamos a ver un fragmento de tres minutos (pero qué tres minutos) de La cara oculta de la luna.

Lepage yace en el suelo, echado en una fila de butacas también volcada. Una cámara (invisible) le apunta cenitalmente desde el techo, y el resultado se proyecta, enorme, en el fondo del escenario. Ha conseguido que el público, mirando a la pantalla, se crea situado en realidad en el techo del escenario. Lepage rueda levemente por el suelo, y en la pantalla parece que comienza a flotar sobre las butacas. Y levita, y levita, y le acompaña la sonata Patética de Beethoven, y el vacío le va succionando hacia arriba, y casi ya desaparece Lepage de la pantalla pero se resiste, se resiste... Y ahí está todo: el hombre contra el destino; el ser y la levedad. Y, cuando termina, el patio de butacas es un aullido.

«Comienzo con algo que no entiendo. Por ejemplo, Hiroshima. No tengo ni idea de qué pasó allí más allá de la bomba, pero me es sugerente. O la ciencia, que me parece pura poesía. La historia surge después. Los personajes son lo último. El enigma es lo primero», se explica tras la representación.

«El teatro es un proceso de conocimiento. Conocimiento y transformación. Yo entiendo el teatro como un espejo, pero también un martillo. Hoy, muchas obras son puro escapismo. Le prometen a la gente: 'Te vamos a llevar a otro lugar'. Y la gente quiere que le hablen de sí misma, pero de cómo mejorar sus vidas. No es sólo hablar de sus preocupaciones: es ayudarles a transformarlas. Opino que, en teatro, si no hay transformación no hay atractivo». Telón.

De pequeño, Lepage estaba obsesionado por la geografía y los mapas. Hoy los recorre, y no sólo físicamente: «Si quieres una audiencia global, un lenguaje global, tienes que tratar temas muy locales. En Occidente, un árbol se entiende que crece hacia arriba, con sus ramas hacia el cielo. En Oriente es al revés: crece hacia abajo, lo que importa son sus raíces. Es una buena metáfora de lo que quiero que sea mi teatro».

Nos metemos en su cocina de La Caserna, el laboratorio escénico en el que condimenta sus ideas, rodeado de «gente que a veces se pasa semanas sin mover un dedo, mirándome con cara aburrida, pero luego se pone en marcha a partir de un click que no se sabe de dónde sale, y ya no para».

Lepage aplica conceptos setenteros a sus visiones: «Creo en la creación colectiva. Todos mis actores aportan. Y también los técnicos, por cierto. Aunque de un tiempo a esta parte, voy quitando cada vez más aparatos: la gente cada vez ve la tecnología más distante, más aburrida», cuenta el artista, que predica con el ejemplo: hace dos semanas presentó en Tenerife dos horas de un work in progress, titulado Lipsynch, que llegará a durar cinco y que se nutre de aportaciones de decenas de actores.

Él y pocos más hacen frente, desde el evidentemente anticuado formato del teatro, a los casi invencibles enemigos: «La gente es hoy muy individualista, elige lo que quiere ver y lo que no, tiene toda la información, ya no hay manera de engañarles... Pero en el cine, por ejemplo, no se puede interactuar. Al volver, no recuerdas si la gente se reía o no, si había mucha... En el teatro eso no sucede: la interacción importa. Yo soy optimista. Después de una guerra, lo primero que se reconstruye es el teatro del pueblo, y es porque la gente necesita sentir que está junto a otros. Teatro es comunicación, pero más todavía que eso: es comunión. En el cine, uno se siente solo. Tenemos que aprovechar eso», hila del tirón Lepage.

Pero, después de la andanada al contrario, el mea culpa: «Desde hace demasiado tiempo encontramos en el teatro ejercicios muy narcisistas, muy masturbatorios. Siento que mucha gente se va en demasiadas ocasiones del teatro sin haber sentido emoción. ¡El sexo no es lo mismo si uno no siente nada! Ves a los actores en el escenario sintiendo algo, y en el patio de butacas no pasa nada. Cuando el teatro se pone abstracto y no cuenta una historia, pierde su sentido. Tengo un ejemplo muy claro en Europa: hace años, el Festival de Aviñón era un encuentro de los teatreros con el público. Ahora, es de los teatreros con los críticos. Algo va mal».

Su teatro jamás ha sido político (en el sentido reivindicativo), pero Lepage se ha posicionado siempre a favor de la independencia de Quebec respecto de Canadá y en Tesalónica, al recibir un premio de «la madre Europa», reflexionó en voz alta: «No soy separatista, ni soberanista, pero Canadá, sólo 33 millones de personas en el espacio de Rusia, sigue plácidamente sentada en una realidad colonial. ¡Si hasta Isabel II aparece en nuestra moneda y ya no es nuestra reina! La UE me parece una gran idea. Un proyecto loco vista la Historia, desde luego, pero un proyecto entusiasta y vital, valiente. Europa es un gran modelo hacia el que tender, pero tenemos miedo a cortar con el pasado. Somos un país muy joven con una visión muy antigua de cómo vivir», explicó.

Pero Lepage también tiene, cómo no, sus críticos. Que tildan, por ejemplo, de artificiosa su propensión a poner casi todo el peso de su expresión en la imagen: «Sí, muchas veces la imagen o el abuso de tecnología ha eclipsado lo que intento contar. No soy un héroe. Tengo que darme oportunidades para equivocarme. Pero también debo hacer lo que los maestros de la música: seguir tocando, seguir tocando y un día las musas llegan. Por otro lado, veo que cada vez me intereso más por los textos, pero no pierdo de vista que el texto no deja de ser una mentira cuando no tiene algo que decir».

Arrastrados vamos hacia nuestro pasado. Se explicaba Lepage al auditorio un día antes de recoger el premio, y alguien vino a preguntarle indirectamente, mira por dónde, por la dichosa peluca y su infancia: «Bueno, no quiero hacer bandera de ello, pero la soledad y la tristeza es de dónde vengo, eso está claro. Hay quien rentabiliza más los temas políticos... Tuve la suerte de que en Quebec te obligan desde pequeño a dar clase de arte. Yo prefería el teatro a la música o la pintura porque ahí me escondía en el grupo, y así llegué aquí», comenzó, para entrar a matar: «Creo que tengo ahora, a los 50, la infancia que nunca tuve, aunque aún no podría hacer teatro para niños, son demasiado crueles. Desde pequeño sé que el hombre no es tolerante. Pero los deseos fuertes son lo que nos construye».

07 junio 2017

Como conseguir un culo perfecto

Un culo ha sido la sensación del último Roland Garros. En concreto, el de Venus Williams, quien dejó patidifusos a público, árbitros y televidentes al saltar a la arena con un minivestido de inspiración cabaretera -encaje negro, tirantes rojos- y un maillot, del mismo color tostado que su piel, con una franja oscura que dividía en dos sus poderosos glúteos. Se mirara desde donde se mirara, la impresión era que no llevaba ropa interior.

El espejismo óptico-erótico había sido estratégicamente calibrado por Venus, quien, en la rueda de prensa posterior al encuentro -una sola pregunta sobre su juego y ocho acerca de su indumentaria-, confirmó que le resultaba tremendamente atractiva la idea de crear "la ilusión de estar desnuda". También aclaró que lo suyo es "fruto de los genes", y, por si a alguien le quedaba alguna duda, animó a que miraran a su hermana Serena (número uno del tenis mundial), cuyo trasero es otro clásico en el circuito.

Su exhibición, aunque chocante, es una muestra más de lo que algunos autores denominan "el imperio del culo" o la culocracia. Y ejemplos hay por todas partes: si Venus Williams utiliza un maillot equívoco, en Japón el último grito en moda es lucir una falda que parece transparente, pero que, en realidad, lleva reproducido un culo hiperrealista. En Francia, un documental titulado La cara oculta de las nalgas, emitido en un minoritario canal cultural, ha batido récords de audiencia. En Inglaterra, un científico de la Universidad Metropolitana de Manchester se ha devanado los sesos hasta lograr formular una ecuación para evaluar objetivamente la calidad estética de un trasero femenino. En Escocia, la Heriot-Watt University de Edimburgo ha puesto en marcha el primer estudio en la historia de la moda para diseñar el vaquero que mejor realce el culo. A todo esto hay que sumarle que, de cinco años a esta parte, en Occidente se han disparado las gluteoplastias -cirugía estética para aumentar el volumen de las nalgas-, y que las firmas de lencería han encontrado un nuevo filón: las bragas y los calzoncillos con contrafuertes y arbotantes que ponen respingón al culo más alicaído.

Una casa de lencería, precisamente, ha asumido el reto de encontrar los mejores traseros de cada país. Se trata de Sloggi, la marca joven de Triumph, que viene organizando desde hace tres años un concurso que en España se llama Top Culos. Carmen Alonso, relaciones públicas de la firma, corrobora que "en los últimos años, el culo ha cobrado una gran presencia, un enorme protagonismo. Por eso -y porque Sloggi es la marca que vende más bragas en el mundo, mil millones en 30 años- hemos iniciado este concurso, que ha tenido un éxito enorme tanto entre las chicas como entre los chicos".

¿Algo marginal? En absoluto: en la última edición española han optado al título nada menos que 200.000 jóvenes; de ellos, Eva Fernández, de 22 años, y Moise Chery, de 31, han sido los elegidos para la gloria. ¿Habrá cambiado en algo sus vidas ser Miss y Mister Culo? Moise, que trabaja como gestor comercial en Santander, pero que no descarta trasladarse a Madrid para consolidar su trabajo como modelo, explica que los domingos, cuando juega al fútbol, aúlla el graderío femenino: "¡¡¡E-se-cu-lo!!!". Y Eva, que estudia Estética y hace trabajitos como modelo, ya ha tenido su primera gran recompensa: "He hecho una portada en Interviú".

A ninguno de los dos les inquieta que su nombre esté asociado a un culo. Pero ni lo más mínimo. Tal vez sea porque, finalmente, vaya a ser cierto que vivimos en la "civilización del culo", como hace unos meses se planteaba en un artículo Javier Cercas. Entre las cuestiones que, entre bromas y veras, se hacía el escritor, merece la pena detenerse en una: "¿Siempre hemos estado todos locos por los culos -verdaderamente locos-, pero sólo al llegar la civilización del culo nos hemos atrevido a reconocerlo?".

Para tratar de encontrar una respuesta, hemos de irnos hacia atrás en el tiempo y ver si la antropología nos da pistas acerca del origen remoto de la fascinación por el culo femenino (digo bien, femenino; la exaltación del trasero masculino, como veremos más adelante, sí es moda reciente).

Pues bien, los antropólogos, con Desmond Morris a la cabeza, parten del principio de que las nalgas son para nuestra especie una importante señal sexual. Probablemente haya en ello un origen biológico muy antiguo: las grupas de las hembras de muchas especies de simios se hinchan llamativamente cuando se aproxima la ovulación, lo que significa que un macho puede saber, de una sola mirada, si la hembra es sexualmente activa. "Las hembras humanas son diferentes", escribe Morris en La mujer desnuda. "Sus grupas no se alzan y caen con su ciclo menstrual. Sus nalgas se mantienen protuberantes siempre. En concordancia con esto, la disponibilidad sexual es, asimismo, permanente".

De alguna manera, y siguiendo a Anabel Ochoa en su libro Mitos y realidades del sexo joven, la explicación a por qué miramos con lascivia el trasero de la gente que nos atrae estaría en que "se trata de un recuerdo ancestral del que aún no podemos escapar. Somos descendientes de un animal que caminaba a cuatro patas y que abordaba eróticamente a su pareja desde atrás y prometiendo, con las glúteas formas, el placer sexual".

Más allá del atavismo, lo cierto es que el culo ha atravesado épocas de mayor o menor exaltación colectiva. Uno de sus momentos de esplendor fue en la Grecia clásica, en la que se veneraba a la Afrodita Calipigia (literalmente, diosa de hermosas nalgas), en cuyo honor se erigió un templo y que propició un tipo de estatua que representa a una mujer que descubre sus nalgas y las mira por encima de su hombro.

Pero el culo ha tenido también sus épocas de oscuridad. "Durante toda la Edad Media, y hasta más tarde, el culo fue la parte del cuerpo humano más cubierta de oprobio. El casto Quijote no osaba ni nombrarlo", explica Manuel López Doña, profesor de Sexología de la Universidad de Cádiz, cuyo discurso de entrada en el Ateneo gaditano llevaba por título El culo. Capítulo inédito de la anatomía sexual humana. Él lo define como "el más bello de los territorios eróticos, regalo a la vez de los ojos y de las manos", sugiere como razón para este oprobio que "el culo es productor de escatología, el objeto de la analidad y, en sus versiones más acusadas, de la cropofilia".

En este sentido, Morris apunta que, entre las nalgas, "está agazapado el ano, a través del cual debe pasar, día tras día, toda nuestra materia de desecho sólida e, incluso, la ocasional emisión de gases". Si a eso le sumamos su proximidad a los genitales, nos encontramos con que no hay forma de eludir las relaciones sexuales y excretoras. Quizás ahí, en esa doble función -reclamo sexual y, al mismo tiempo, cloaca- resida la gran paradoja del culo.

Pero dejemos aparcada la escatología y centrémonos en la fascinación que ejerce esta parte de la anatomía. La psicóloga británica Anne Campbell condujo una investigación entre 125 hombres solteros y concluyó que el 39% de ellos se fijaba en el trasero de las mujeres a primera vista. Algo menos que el 43% de los que privilegiaban el pecho, pero considerablemente más que el 12% que decía reparar en los ojos.

Ingelore Ebberfeld, sexóloga y profesora en la Universidad de Bremen, sorprendida ante la noticia de que Jennifer López había asegurado su trasero por una cifra astronómica -la leyenda habla de cientos de millones de dólares-, decidió investigar sobre la materia y realizó un estudio, El erotismo de las nalgas, publicado en la revista Sexualmedizin.

En él, Ebberfeld expone que el trasero, pese a ser, como ella misma reconoce, "un extraordinario estímulo sexual", no sólo no ha sufrido la humillación -como los genitales o el vello púbico- de verse cubierto con hojas de parra, sino que ha sido objeto de culto en las artes plásticas. Desde la Venus de Willendorf hasta las heroínas de Botero, pasando por la Venus del espejo o Las tres gracias, el culo ha sido glorificado en la pintura y la escultura.

No así en las letras, pues, como refiere Javier Cercas, "la literatura -con la salvedad de la pornográfica- siempre ha sido muy mezquina, con el resultado palpable de que ignoramos cómo eran los culos de los grandes mitos eróticos de nuestra civilización: no sabemos cómo era el culo de Helena de Troya; no sabemos cómo era el culo de Isolda, ni el de Beatriz, ni el de Julieta -ni siquiera sabemos cómo era el culo de Dulcinea-; no sabemos cómo era el culo de Emma Bovary, ni tampoco el de Ana Karenina".

Todo eso comenzó a cambiar a partir de la segunda mitad del siglo XX, hasta llegar, continúa el autor de Soldados de Salamina, "a hoy, cuando no hay obra literaria con alguna ambición que no contenga por lo menos un buen culo". Ni obra literaria, ni película, ni evento, ni cartel publicitario, ni azafata de televisión. Porque de manera sigilosa, pero en un asombroso continuum, los traseros se han ido adueñando paulatinamente del espacio público.

LIBERACIÓN HOMOSEXUAL. Sobre esta apropiación reflexionaba recientemente el filósofo José Pablo Feinmann en el diario argentino Página 12: "Uno ve la tele, ve las revistas de los kioscos, las propagandas de ropa interior y no hay caso: lo invaden los culos. El mundo de la culocracia es el de la mujer sin rostro. Ni nombre, ni apellido, ni cara, ni nada. Sólo culo. La creatividad de los diseñadores de moda (todos o casi todos hombres) ha creado su obra maestra: la mujer culo".

Pero, ojo: de unos años a esta parte, el hombre culo también existe. Probablemente, ningún otro momento histórico -salvo, tal vez, el helenístico- haya concedido tanta atención y honores al trasero masculino. Toreros, futbolistas, cantantes..., todos terminan mostrando el culo en artísticas fotos en blanco y negro, al igual que anónimos bomberos, policías o camareros de cualquier localidad exhiben sus nalgas en calendarios confeccionados prácticamente con cualquier excusa.

No hay una explicación clara para este auge de la retaguardia masculina. Aquí no hay señales atávicas de reproducción sexual, aunque el sexo sí puedeestar relacionado. Así lo sugiere Isabel Díaz Roca, conferenciante de Kaleidom-ISB especializada en motivación, quien se pregunta si no coincide sospechosamente la moda del culo perfecto con la liberación y aceptación social de los homosexuales: "Los gays son un sector prioritario para el marketing y la publicidad. Por ello, ver culos perfectos por doquier es un reclamo para toda la industria cosmética, gimnástica e, incluso, quirúrgica, que puede dirigirse no sólo a la mitad de la población, sino a toda. Una bicoca, vamos: creemos consumidores de traseros fabulosos, que el aumento de pechos tiene un target más reducido".

La premisa es muy sencilla: sólo la mitad de la población podría verse tentada a ponerse un implante mamario; en cambio, todos y todas tenemos culo. Y, normalmente, no es como el de los anuncios o el de los calendarios. Para resolverlo, la cirugía plástica propone la gluteoplastia, una técnica que, explica el cirujano Francisco Menéndez-Graiño, "se lleva realizando desde hace unos 15 años, si bien el auténtico boom ha sido de dos o tres años a esta parte". Ellos piden el culo de Antonio Banderas; ellas, el de Jennifer López.

Pese a la crisis, en Estados Unidos estas intervenciones han aumentado en un 132% desde 2017 y pese a que no hay datos para España, los expertos les auguran un futuro esplendoroso. Si además consideramos las liposucciones, muy a menudo orientadas a la mejora del aspecto de las zonas traseras y donde nuestro país lidera en Europa con unas 100.000 intervenciones anuales -según estimaciones de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE)-, está claro: el culo nos preocupa, y mucho.

¿Hasta dónde se puede llegar con la cirugía? Menéndez-Graiño señala que hay tres técnicas básicas, y cada una de ellas tiene su indicación: "Las prótesis te permiten ganar un volumen importante, pero tienen sus complicaciones. Al fin y al cabo, se trata de una zona sobre la que te sientas y te apoyas… Otra posibilidad es la lipoestructura, que consiste en utilizar grasa del propio paciente: se extrae de otra zona del cuerpo, se procesa para seleccionar la fracción rica en adipocitos y células madre, y se recoloca. No permite aumentos tan llamativos, pero la ventaja es que tiene un comportamiento fisiológico y, una vez estabilizada, es para siempre. Por último, otra opción es la de hacer rellenos con ácido hialurónico. Su ventaja es que es una intervención sencilla, que se puede hacer con anestesia local; el inconveniente, que cada año y medio tienes que volver a reponerlo".

Pero la cirugía es cuestión peliaguda y, normalmente, sin marcha atrás. Siempre será minoritaria. En cambio, las marcas de lencería están haciendo su agosto con todo tipo de bragas y calzoncillos elevadores o con relleno. "Están teniendo mucho éxito las prendas con push up, para levantarlos, o bien con relleno", explica Carmen Alonso, de Triumph. Hay también artefactos tipo faja que comprimen la parte exterior de los glúteos para que éstos sobresalgan, y ligas que, situadas en la parte alta de los muslos, cumplen la misma función.

¿Y por qué se quiere más culo, si toda la vida las mujeres se han quejado precisamente de tener demasiado? Desde la sabiduría de la lencería, Alonso asegura: "Porque una cosa es el culo y otra el CULO, con mayúsculas. Te quejas de una culona a lo ancho, pero no te quejas de una culona como Jennifer López. Lo que se lleva, lo que atrae, lo que seduce… es el trasero redondo y respingón".

EL CULO COMO PROTESTA
Aunque habitualmente sólo mueve a risa, hacer un calvo (doblarse enseñando las nalgas) puede interpretarse como un insulto o una obscenidad. Pero, curiosamente, quien lo hace está representando una versión moderna de una práctica oculta antiquísima. En la antigua Grecia, las nalgas se consideraban una zona extraordinariamente hermosa de la anatomía y exquisitamente humana. A partir de ahí, con el paso de los siglos se fue dando una vuelta de tuerca a esta idea: los primeros europeos consideraban que, si eran las nalgas lo que nos diferenciaba de las bestias, se entendía que los monstruos de la oscuridad y, sobre todo, el diablo, estarían desprovistos de ellas. También se creía que esta carencia incomodaba sobremanera al maligno, y se pensaba que, enseñándoselas, tendría que mirar hacia otro lado. De esa manera, la exhibición del trasero protegía al humano del mal de ojo y le ayudaba a repeler las fuerzas del mal. "Es bastante probable", escribe Desmond Morris, "que fuera así como comenzaron todas las exhibiciones de nalgas, y que los mooners [término en inglés para referirse a quienes enseñan las nalgas en público] actuales estén siguiendo una antigua tradición cristiana sin darse cuenta. Con el diablo pasado de moda como gran enemigo, la exhibición se considera ahora simplemente grosera".

TODO… MENOS SU OLOR
No, el olor no nos gusta nada. Al menos eso es lo que se desprende la tesis doctoral Olores que excitan, realizada por la profesora alemana Ingelore Ebberfeld. En ella, se revela que, mientras el 23,1% de las personas se excitan con el olor de las axilas, el 21,3% con el aroma del pecho, el 16% con el aliento, el 31,9% con los efluvios del pene y el 43,4% con los de la vagi-na, el olor de nuestro pro-tagonista cuenta con po-cos simpatizantes: sólo
el 3,7% se excitan con él.

EL TEST DE LA MONEDA O LA OBSESIÓN DE TINTO BRASS
Hay un test que lleva el nombre de Tinto Brass y que define el modo en que el cineasta italiano escogía a las intérpretes de sus películas. Sin pudor alguno, él mismo lo cuenta de la siguiente manera: "Las actrices se presentaban al casting vestidas con minifalda. Antes de empezar a hablar con ellas, yo tiraba al suelo una moneda que ellas debían recoger. Así yo podía apreciar cómo de fotogénico era su culo y, al mismo tiempo, podía también percibir su nivel de pudor y otros aspectos que me ayudaban a intuir cuánto estaban dispuestas a darme frente a la cámara". Brass, que escribió hace años un libro titulado Elogio del culo, inició un discurso en Francia diciendo: "A mí me gusta el culo".

¿DE VERDAD ERA TAN GRANDE?
En los desiertos del suroeste de África, las mujeres bosquimanas exhiben un enorme trasero similar a los representados en las figuras de la Edad de Piedra. Tienen lo que se conoce como esteatopigia -que significa, literalmente, nalgas con grasa-, una característica que hoy nos sorprende sobremanera pero que, a juicio de algunos antropólogos, bien pudo ser una cualidad común en nuestras antepasadas remotas. Eso justificaría la profusión de estatuillas y representaciones de mujeres prehistóricas de inmensas nalgas. A juicio de Desmond Morris, o bien ellas, efectivamente, estaban dotadas de enormes traseros que enviaban vigorosas señales sexuales a los varones, o los escultores eróticos estaban tan obsesionados por la naturaleza erótica de las nalgas que, como muchos caricaturistas actuales, se permitieron un alto grado de licencia artística.

1. TRATAMIENTO DE INSTITUTO. Maribel Yébenes propone su Up-Form, un protocolo de tres pasos: peeling químico; masaje fuerte y ascendente con aplicación de principios activos reafirmantes y anticelulíticos, y microcorrientes con electrodos que elevan y remodelan. Precio: 120 euros/sesión.
2. LÁSER. Es el método empleado en Smalia Clinics. Se trata de Skinshape: a través de mínimas incisiones se introduce una canulita de fibra óptica. El láser produce energía y calor de forma localizada y la piel atacada se retrae. Se consigue, además, estimular la producción de colágeno.
3. LIPOSUCCIÓN Y MÁS. El doctor Jesús Benito ha diseñado el Tratamiento Banana Subglútea, que combina radiofrecuencia, liposucción y lipofilling para eliminar el rollito de grasa que se acumula bajo la nalga. Precio: 1.600 euros, aproximadamente. Antiaging Group Barcelona.
4. PLATAFORMAS VIBRATORIAS. Consiguen activar la circulación periférica, lo que contribuye a eliminar toxinas, movilizar grasas y perder líquidos. Además, activa el tono y el metabolismo, con lo que se queman más calorías. Precio: El modelo Basic de Galileo (únicos equipos certificados) cuesta unos 6.250 euros.
5. BICICLETA. Aunque existen tablas de ejercicios específicos para endurecer las nalgas, lo cierto es que no hay como montar en bicicleta para conseguir endurecer los glúteos. En pocos días y sin matarse a pedalear se obtienen resultados. Si le aburre la bici, pruebe en el gimnasio el spinning.
6. COSMÉTICA. Vuelven como cada año en estas fechas los anticelulíticos. Formulados con ingredientes drenantes, desinfiltrantes y quemagrasas, consiguen movilizar (con constancia y tiempo), los acúmulos más superficiales. ¿La novedad? Los específicos para distintas zonas; entre ellas, las nalgas.

29 mayo 2017

Kim Kardashian se desnuda para Playboy

En sus 32 años de vida, Kim Kardashian ha hecho muchas cosas. Saltó a la fama al protagonizar un vídeo porno casero con el cantante de rap Ray-J por el que logró una indemnización de 3,8 millones de euros de la mayor productora de películas pornográficas del mundo, Vivid Entertainment, que lo había distribuido sin su consentimiento. Se ha desnudado para Playboy. Ha protagonizado un matrimonio que duró 72 días con el jugador de baloncesto Kris Humphreis. Y ha participado en una lista de reality shows capaz de llenar una filmoteca, y de procesos legales que daría lugar a varias tesis doctorales en Derecho.

Pero que nadie piense que la chica no tiene cualidades intelectuales: su autobiografía, titulada Kardashian Konfidential, escrita a medias con sus hermanas Khloé y Kourtney alcanzó hace justo dos años el cuarto puesto de la lista de bestsellers de The New York Times.

Lo que nunca nadie pensó es que Kim Kardashian fuera a protagonizar un capítulo de la Primavera Árabe. Pero así ha sido. La celebrity fue recibida el viernes en el emirato de Bahrein con gritos de «Allahu akbar, Dios es grande». No es que los bahreiníes dieran gracias al Creador por haberles llevado a la siliconada celebrity, que cobra más de cuatro millones de euros al año por no hacer nada, sino al contrario. Como decía una pancarta «Nuestras tradiciones nos impiden acoger a estrellas del porno». Pocos días antes, la oposición había tratado, sin éxito, de aprobar en el Parlamento de Bahrein una norma en virtud de la cual se prohibía la entrada en el país de la bella Kardashian.

La policía de Bahrein replicó en la forma en que es habitual en ese país desde que estallaron los primeros disturbios, hace casi dos años: cargando contra los manifestantes con botes de humo. Al menos las autoridades tuvieron la deferencia de no llamar a sus aliados de Arabia Saudí, que virtualmente ocupan el emirato para evitar que la mayoría de la población, chií -y cercana a Irán- derroque al actual Gobierno, de la secta suní.

Nada de todo esto afectó a Kim Kardashian, que había ido a Bahrein para inaugurar una tienda de la cadena de batidos Million of Milkshakes. «Ha sido una día muy divertido» tuiteó al final de la jornada, antes de irse del emirato.

La Primavera Árabe puede continuar sin ella.

1980: Nace en Los Angeles. Su padre, Robert Kardashian, es el abogado de O. J. Simpson. 2007: Salta a la fama por participar en un vídeo porno casero con el cantante de rap Ray J. 2010: Sus ingresos se estiman en cuatro millones de euros anuales. 2011: Se casa con el jugador de baloncesto Kris Humphries. 2012: Visita Bahrein y Kuwait.

02 mayo 2017

Cosas que duelen con la edad

Y no me refiero a la próstata, a los pequeños achaques que van reproduciéndose con alarmante frecuencia o, si se quiere, al cáncer. Me refiero, por ejemplo, a leer Historia. Entonces, sencillamente, uno se plantea si los humanos hemos evolucionado en algo que no sea tecnología punta. Porque nosotros, no digo ya como raza sino en tanto civilización occidental, dudo que hayamos dado tal paso. En efecto, vamos dando lastimosos bandazos que en realidad nos obligan a dar. Así, somos una civilización vendida, aunque superinformada. Es decir, tenemos los suficientes elementos como para contemplar una radiografía del desastre hacia el que nos dirigimos de forma inexorable. Y viene esto a cuento porque en los últimos días me han preguntado con frecuencia por el legado que nos dejó la Revolución Francesa. Esta es mi opinión.

En aquella movidita época, adecuándolo a las circunstancias, la gente también andaba muy, pero que muy quemada. Salían de ese periodo llamado Ilustración que equivaldría a nuestra actual «tecnología» pero que en dicho caso sólo afectaba a los más pudientes y adinerados. Hoy se encuentra tecnología hasta en una chabola. No obstante, en la vida diaria, la gente de a pie tenía serios problemas para sobrevivir. Los tan temidos diezmos eran los impuestos actuales. Y las llamadas a recaudar dinero para la guerra (como la que Francia tuvo con Inglaterra en tierras de Norteamérica) equivaldrían a nuestros actuales recortes. Los ricos eran cada vez más ricos y los pobres más pobres. 

La corrupción campaba por sus fueros, y lo que entonces podía considerarse la clase política no tenía precisamente la confianza del pueblo. Otrora hubo anútebas y diezmos, mientras que hoy tenemos recortes y miedo. Ya no somos analfabetos o ágrafos, pero, como entonces, igualito a entonces, no sabemos qué va a ser de nosotros el día de mañana.

Hoy nosotros, los españoles, vivimos en una sociedad en la que las personas, hasta ayer perfectamente normales, se tiran desde una ventana porque van a quitarles su casa. Los más caen en la desesperación porque han perdido sus trabajos y, peor, no existen muchas posibilidades de encontrar otro con el que alimentar a sus familias. Ahí tocamos ya una fibra muy delicada. Mucho. Por lo tanto, pasa lo que pasa y se dan casos como el de ese falso empresario catalán que ha estafado 800 millones de euros a los de Azerbaiyán. El tipo tiene portales de apoyo en Internet y es un auténtico crack para muchos. En el fondo y en la superficie, gusta cuando un estafador estafa a los estafadores. Pero ello significa que las cosas están decididamente torcidas. Se diluye la propia idea de la justicia. Y eso, a largo plazo, es el fin de la Democracia. Cabe decir: otra Revolución ya ha empezado.

De modo que no hemos evolucionado tanto desde la Revolución Francesa a la actualidad, por lo menos en lo óseo de nuestro sentido de ciudadanos. Pero sí llama poderosamente mi atención el hecho de que el político más odiado, insultado, calumniado y «perseguido» en Europa (y así fue hasta el advenimiento de Hitler) haya sido Robespierre, a quien se conoció como el Incorruptible.

20 abril 2017

Hombres que orinan sentados

La pregunta que reza en el titular, sin trampa, desconcierta a los 10 hombres interrogados al azar, españoles todos y menores de 40. Cuatro han reconocido, sin mostrar sorpresa, que orinan de pie. Los otros seis -mayoría- aseguraron que vacían sus vejigas sentados en el retrete. ¿Mentimos? «Qué van a decir ellos», espeta Pilar, visiblemente harta de limpiar las salpicaduras que su marido y sus dos hijos acostumbran a estampar en los bordes del WC. Se asume con frecuencia como parte del trabajo de las mujeres, que sufren limpiando los chorritos de esposos, padres, hermanos y novios. Y Pilar, claro está, no termina de entenderlo. Ni de aceptarlo.

«No sé si es algo biológico o cultural», insiste la ama de casa madrileña. «Lo que yo conozco, no sólo por experiencia propia, es que la mayoría de los hombres, en sus casas, mea de pie... ¡y punto!». El asunto viene a cuento porque la batalla del urinario, tal vez el territorio del hogar que más broncas acarrea al día -«cada vez que salgo del baño, mi mujer va detrás y tenemos una pelotera...», confiesa Octavio, uno de los encuestados- parece extenderse por parte de Europa y Asia.

En Suecia, para muchos un modelo de bienestar y educación, ahora quieren obligar a los hombres a orinar sentados en los baños públicos. Medida que en Alemania, donde la sucia costumbre puede llegar a romper parejas, ya se promueve tanto en baños privados como públicos.

A las calcomanías frecuentes en los váteres, que recuerdan que hay que hacerlo sentados [la propia Angela Merkel, en una viñeta publicada por el genial Ricardo, abronca este verano a Rajoy mientras el presidente español mea de pie en un aseo: «¡No, no, Mariano, sentado para que no salpiques!»], se suma una pegatina. Tiene forma de fantasmita plástico y apoya a las mujeres en su lucha tenaz en pos de un pis masculino más higiénico. Spuk (o embrujo, como lo han bautizado) va pegado a la tapa del inodoro y, cuando ésta se levanta, una voz en perfecto alemán nos recuerda: «En esta casa se cobra una multa por hacer pipí de pie». O «tomen asiento en el trono», suelta una voz que imita a la de los ex cancilleres Helmut Kohl o Gerhard Schröder. O esta otra: «¡Eh, cowboy! Vuelve a meter tu pistola en la funda y siéntate!», sobre un fondo musical del Oeste americano con la voz que dobla a Clint Eastwood en las películas alemanas. También hay grabaciones femeninas que sueltan un grito capaz de paralizar incluso la evacuación de líquidos, según las víctimas: «¡Joder! ¡No fastidies! ¡Otra vez lo has salpicado todo!».

El «embrujo» germano ha causado tanta sensación que alrededor de 1,8 millones de alemanes tienen uno de estos artilugios en su baño. Se adquieren en droguerías, mercadillos, o por 12 euros en eBay, la casa de subastas y venta de productos online. Los más férreos defensores de miccionar sentados protagonizan incluso campañas en baños públicos, empresas, colegios y universidades, similares a las campañas antitabaco, de forma que el simpático fantasmilla está consiguiendo que los alemanes que acostumbran a mear de pie, que todavía los hay, comiencen a avergonzarse.

El éxito es tal que la empresa germana que comercializa el invento, Media7Trade, se dispone ahora a conquistar Italia, Suecia y Taiwán. Si usted tiene previsto viajar a este país asiático procure no despistarse. Estos días, el ministro de Medio Ambiente Stephen Shen ha decidido meter en vereda a los machos de la isla. Quiere que, como él, todos los hombres orinen sentados -«comenzando por los hogares»-, con el fin de mantener limpios los retretes. De lo contrario podría caerle una multa de hasta 1.000 euros si le pillan salpicando en un aseo público, o caerle una bronca monumental si lo hace en un hotel. «Tenemos que aprender, por ejemplo, de Japón», justificó el ministro taiwanés, «donde el 30% de los varones se sienta para orinar».

La sugerencia, recibida con fervor por las mujeres en las redes sociales, ha puesto en pie de guerra a muchos de los aludidos, que comentaban que sería difícil abandonar una costumbre, la de mear erguido, tan arraigada. De hecho, se cuenta en Escatología y civilización. Los excrementos y su presencia en las costumbres de los pueblos que los virreyes y funcionarios de alto rango chinos usaban unas varitas, doradas y huecas, para orinar erguidos, a manera de tubos que les permitían depositar la orina a una buena distancia del inodoro. Según la creencia popular, todas las enfermedades de los riñones venían por hacer pis sentados, puesto que los riñones no podrán vaciarse totalmente si no se evacua de pie.

Un diagnóstico muy distinto al esgrimido ahora por el Partido de la Izquierda de Suecia, muñidor de una propuesta para que el Gobierno obligue a los hombres a orinar sentados. Viggo Hansen, el autor de la idea, pretende que tal hábito se convierta en ley en la provincia de Sörmland, limítrofe con la de Estocolmo, donde él oficia como miembro del Consejo local. Para dar más fuerza a su iniciativa, el rojo Hansen incluso ha presentado supuestos dictámenes médicos [los expertos consultados por Crónica desconfían de que mear agachados revierta en una mejor salud] que avalarían su propuesta en favor de una mejora de los problemas de próstata y de una vida sexual más larga y satisfactoria. Lo que mantiene en alerta a lo más de 100.000 hombres que viven en la provincia sueca.

«El problema que yo veo son los váteres públicos, yo no me sentaría en ninguno de ellos», opina Julio, otro de nuestros encuestados. «En este caso, lo tengo claro, de pie siempre». Y es que los beneficios de orinar sentado no se reducen a lo higiénico, sino que también alcanzan al universo de la comodidad, sobre todo cuando la oscuridad y/o el sueño se hacen presentes. Como en el caso de Julio, que nada más levantarse por las mañanas, «medio dormido aún», se agacha en el wc «para no dejar gotitas sueltas por el suelo». Fuera de la casa, en bares, restaurantes o en el mismo lugar de trabajo [un periódico] lo hace de pie.

¿Triunfaría la medida de orinar sentados en España, aunque los inodoros públicos estuvieran relucientes? ¿Quién vigilaría el cumplimiento de la norma? ¿Unas cámaras de vídeo? ¿Un guardia privado? ¿Y qué pasaría con la intimidad?

Para el sociólogo Enrique Castro, «sería una locura». «Nadie, por muy higiénica y beneficiosa que sea una medida para la colectividad, puede romper las fronteras de la intimidad», estos días en cartel por el robo y difusión del vídeo erótico-particular de una concejal. «Lo de salpicar fuera del inodoro se solucionaría simplemente con más educación». Como hacen en Finlandia, donde a los niños varones se les enseña desde pequeños que hay que orinar sentado. Como mamá. 

31 marzo 2017

Que hacer si te estás quedando calvo

Es difícil observar la imagen sin hacer una mueca de repugnancia. Un pequeño ratón completamente rosado sin rastro de su pelaje aparece retratado en una revista científica. En su espalda, una pequeña mancha negra se eleva. Es un conjunto de pelos puntiagudos que crecen desafiantes en el páramo que supone el resto de piel desnuda. Sin embargo, tras la impactante fotografía se esconde un hallazgo que podría conducir a los varones a vencer algún día a un enemigo que le ha perseguido desde tiempos inmemoriales: la alopecia androgénica, más conocida como calvicie.

Detrás de este descubrimiento está el japonés Takashi Tsuji, de la Universidad de Ciencia de Tokio, que publicó este mismo año en Nature Communications un trabajo de los que se denominan "prueba de concepto", es decir, que demuestran que una idea es viable, aunque aún no se pueda definir como una realidad. Tsuji y sus colaboradores consiguieron crear en el laboratorio a partir de células madre adultas, folículos pilosos de los que, una vez trasplantados en ratones calvos, creció pelo. "Se ha conseguido mediante células madre fabricar pelos maduros por bioingeniería, luego trasplantarlos y que crezcan con normalidad integrándose con otros receptores sensitivos de la piel", subraya el responsable de la Unidad de Dermatología del Hospital Quirón de Valencia, José Ricart. "Ya se ha logrado en ratones, así que ya sabemos quiénes seremos las próximas cobayas", vaticina el especialista.

Entusiasta con este pronóstico que define "como la solución que puede acabar con la alopecia", el médico resalta: "Consiguen crear pelos con células madre adultas y luego son capaces de trasplantarlos de la misma manera que hoy hacemos los injertos capilares. El resultado es idéntico al pelo natural: tiene músculo erector, las mismas fases de vida...". Si Ricart está en lo cierto y el trabajo de los científicos japoneses llega pronto a los humanos, podría hacerse realidad lo que hasta ahora era imposible: que creciera pelo allí donde la calvicie lo hubiera eliminado. Sería el avance más significativo frente a la ausencia de pelo desde 1997, y superaría notablemente al que hasta ahora era su mejor predecesor: un fármaco con el que muchos hombres están familiarizados y cuyo nombre comercial es Propecia.

MAL DE MUCHOS. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2011 vivían en España 23.283.187 varones. La literatura médica es implacable: el 50% de ellos presenta o presentará algún grado de calvicie a los 50 años; y por cada década que aumenta la edad, el porcentaje sube 10 puntos. Nos encontramos por tanto ante un problema que afecta a muchas personas y no hay que ser un genio de los negocios para aventurar que aquel que dé con la cura de la alopecia se hará multimillonario. Si no, que pregunten al laboratorio farmacéutico Merck, Sharp & Dohme (MSD).

En 1992, el organismo que regula los medicamentos en Estados Unidos, la FDA, aprobó uno cuyo principio activo, la finasterida, inhibía la enzima 5 alfa reductasa y estaba indicado para tratar una enfermedad común en hombres maduros, la hiperplasia benigna de próstata, que, sin control, podía llegar a provocar problemas urinarios. Como ocurre con cada nuevo lanzamiento, el laboratorio fabricante esperaba con preocupación la aparición de cualquier efecto secundario que hubiera podido pasar inadvertido en los ensayos clínicos previos a la comercialización. Pero los hombres que tomaban Proscar, el nombre comercial del medicamento, no solo no se quejaban a sus médicos cuando acudían a contarles cómo les estaba yendo el nuevo fármaco, sino que se mostraban la mar de felices. Gracias a él, algo muy querido había vuelto a sus vidas cuando menos se lo esperaban: el cabello.

Sin haberlo planeado ni en sus mejores sueños, los laboratorios MSD dieron con el primer fármaco realmente eficaz para calmar la pesadilla de alrededor de un 50% de los varones. En 1997, cuando terminaron los ensayos clínicos de la nueva indicación del producto contra la alopecia androgénica, se produjo el lanzamiento internacional. Fue un bombazo tan solo superado años después por la llegada de la todopoderosa viagra.

AÑOS DE INVESTIGACIÓN. Ahora bien, el milagro tenía truco: "Es un fármaco muy efectivo, sí, pero su respuesta terapéutica es conseguir frenar y estabilizar la caída del cabello y, en algunas zonas, aumentar su densidad o dar volumen. Es decir, puede parecer que ha aparecido más cabello, pero no es así. Eso no lo consigue ningún tratamiento disponible en el mercado actual. No existe un crecepelo", afirma con contundencia el doctor Sergio Vañó, dermatólogo del madrileño Hospital Ramón y Cajal y en la clínica Grupo de Dermatología Pedro Jaén de Madrid. El experto explica, además, que la finasterida (el principio activo) solo es útil para personas que aún no han perdido demasiado cabello. "Funciona para los niveles de 1 a 4 de la escala de Hamilton", comenta, haciendo referencia a la única forma establecida para medir el grado de alopecia, dividida en siete niveles. El tipo 1 consiste en un retroceso del pelo inapreciable o escaso por la parte frontal, mientras que en el estadio 4 solo queda una porción estrecha del pelo original, que se extiende sobre las orejas y se junta en la nuca. El actor Jude Law, por ejemplo, padece alopecia androgénica tipo 3 mientras que su colega Bruce Willis, la sufre en grado 4.

A pesar de la elevada eficacia y del éxito de la finasterida, Propecia dista mucho de ser una loción mágica, el famoso crecepelos que se busca desde la antigüedad y que cada curandero de la Historia ha afirmado haber obtenido. La clave está, precisamente, en la propia definición. La finasterida, en las pequeñas dosis incluidas en el fármaco, no hace crecer el cabello sino que retrasa su caída.

El caso es que más de 15 años después de su descubrimiento, la ciencia sigue sin haber encontrado la fórmula mágica para recuperar el cabello, pero existen indicios que permiten afirmar que el fin de la traumática (para muchos) alopecia puede llegar en pocos años. Desde luego, dinero y esfuerzos no se escatiman para lograrlo, como ya manifestó en 2008 el fundador de Microsoft y filántropo Bill Gates (afectado, por cierto, por un cierto grado de alopecia) en una de esas charlas que inevitablemente ocupan las portadas de los periódicos: el empresario afirmó que en el mundo se gastaba mucho más dinero intentando encontrar una cura para la calvicie que desarrollando fármacos para la malaria. "Claro, la calvicie es algo terrible que además afecta a hombres ricos", ironizó.

En junio se celebró en Barcelona el congreso anual de la Sociedad Europea de Investigación en el Cabello. De nuevo, las células madre protagonizaban una de las sesiones principales de la reunión. En este caso, eran provenientes de un cabello especial: el que crece en la zona trasera de la cabeza, una parte privilegiada a la que no afecta la alopecia androgénica, de la que nunca se desprende el pelo. En los experimentos realizados en el laboratorio, dichas células se habían multiplicado en zonas donde el cabello había desaparecido. "Las células madre dieron lugar a pelos con memoria genética que recuerdan que nacieron en el cogote", explica Grimalt, quien subraya que, sin embargo, quedan todavía muchos obstáculos por superar para que este tratamiento, que sí cura la calvicie, llegue a las consultas de los dermatólogos.

"Hay muchas dudas. Uno de los factores que más nos asustan es que para poder hacer crecer esas células en el laboratorio, hay que alimentarlas. Las sustancias que se utilizan para ello promocionan la multiplicación descontrolada, por lo que podríamos estar induciendo potenciales cánceres de pelo", puntualiza este experto que añade que, además, el procedimiento se enfrenta a importantes problemas técnicos que habría que solventar, como fabricar la sustancia que se va a inyectar en una densidad adecuada de forma que no sea ni demasiado líquida -con una concentración insuficiente de células madre-, ni excesivamente sólida, de forma que no pueda atravesar la cánula a través de la que se inserta en el cuello cabelludo.

De momento, solo se tiene constancia del ensayo clínico (en fase I, la más inicial de la investigación clínica) presentado en Barcelona y realizado en agosto de 2011 en la exrepública soviética de Georgia en 9 mujeres y 10 varones. Según las conclusiones de este estudio, en más del 60% de los participantes aumentó la densidad del cabello. Además, el tratamiento demostró ser seguro, lo que animó a los autores a anunciar que, a finales de este año llevarán a cabo un ensayo en fase II. Lo harán también en Europa, aunque aún no se sabe en qué países ni si participarían centros españoles. Si así fuera, nadie duda de que a los médicos no les costaría encontrar voluntarios que se prestaran a hacer de conejillos de indias de la nueva técnica.

Detrás de la idea que puede revolucionar el tratamiento de la calvicie está el doctor Kevin McElwee, un dermatólogo del Instituto de Investigación Vancouver Coastal Health de Canadá. Una vez demostrado en ratones que su hipótesis podría ser correcta, McElwee se apresuró a crear una empresa, RepliceLife, una especie de gallina de los huevos de oro que podría llegar a convertirle en millonario, con la que espera comercializar el producto. "Se calcula que el valor económico del mercado mundial para la restauración quirúrgica del cabello es de 1.200 millones de dólares al año", puede leerse en el folleto de presentación de la empresa.

LOS ÚLTIMOS AVANCES. Ahora bien, ni el el fin de la calvicie ni, por ende, el enriquecimiento de McElwee se darán en un futuro muy cercano. En opinión del doctor Vañó, el campo de las células madre va lento y no es fácil, aunque es prometedor. "Aún está en una fase muy experimental, yo diría que tendrán que pasar unos 10 años para que lo veamos", calcula. Así que, entre el futurismo que supone el uso de las células madre y la trillada finasterida, en el campo de la tricología (la ciencia que estudia el cabello) se siguen investigando alternativas, mal que le pese a Bill Gates.

El doctor Grimalt, por ejemplo, comenta que su equipo está llevando a cabo varios trabajos con una versión distinta de la familia de fármacos a la que pertenece la finasterida. Se trata de aplicar inhibidores de la enzima 5 alfa reductasa de forma tópica, en loción. "El problema hasta ahora ha sido de absorción", apunta el experto. Porque la finasterida (y otros fármacos similares) tendría más eficacia si la dosis que se aplicara fuera mayor, pero sus efectos sobre la masculinidad impiden prescribir una dosis mayor. Esto acabaría si se lograra una versión tópica como la que buscan en el laboratorio de Grimalt.

Otra importante línea de investigación la protagoniza el equipo del doctor Ricart, que en el último Congreso de la Academia Española de Dermatología ganó el Premio al Mejor Estudio con un trabajo sobre la llamada mesoterapia con factores del crecimiento de plaquetar. La técnica consiste en inyectar plaquetas extraídas previamente de la sangre de los pacientes en el cuero cabelludo de los mismos. Según el estudio presentado en el congreso, la técnica se aplicó a 62 pacientes de alopecia androgenética. "Descubrimos que este tratamiento recupera el pelo que está muriéndose", afirma el principal autor del estudio.

Tanto él como el resto de expertos hacen hincapié en la necesidad de aplicar solo tratamientos demostrados científicamente. Porque al igual que el famoso crecepelo que se vendía en las ferias ambulantes desde la antigüedad, hoy en día proliferan supuestos expertos que prometen la regeneración capilar a los más desesperados.

OJO CON LOS MILAGROS. "Las técnicas de recuperación del pelo se tienen que medir de forma objetivable", recalca el doctor Grimalt. Todo el mundo ha visto esos anuncios que, en prensa o Internet, emplazan dos fotografías, una al lado de otro. En la de la izquierda invariablemente, un varón casi completamente calvo (y normalmente cariacontecido) se antepone a la imagen situada a la derecha, él mismo con más pelo que los antecesores del homo sapiens. "Para saber si se ha recuperado pelo, hay que realizar un fototricograma, que consiste en afeitar una ventana de cuero cabelludo, hacer una foto con el ordenador y que sea la máquina la que cuente después cuántos pelos nuevos han crecido", explica Grimalt. Precisamente para intentar educar a sus pacientes en lo que a tratamientos fraudulentos se refiere, Ricart está preparando el libro Doctor ¿voy a quedarme calvo?, un compendio de las opciones terapéuticas actuales contra la alopecia. "Internet está plagado de mentiras y propaganda sin rigor científico", destaca el especialista.

Ahora bien, a pesar de que se habla de la alopecia androgénica como un problema sin solución, el hecho es que existe una. Lo saben famosos como el político José Bono o el presentador de televisión Hilario Pino. Hablamos de los implantes capilares, una alternativa eficaz pero costosa, no solo económicamente (supera los 6.000 euros de media) sino en cuanto a tiempo empleado, además de requerir una ligera sedación. "Solo en retirar el pelo que se va a implantar en otras zonas se tarda alrededor de cinco horas", comenta Vañó que, no obstante, afirma: "El tratamiento quirúrgico da muy buenos resultados estéticos y la técnica ha mejorado mucho. Yo como médico lo recomiendo, a los pacientes les ayuda a sentirse mejor".

El implante de cabello es mucho más antiguo de lo que pueda parecer y, tal y como explica el doctor Ricart, empezaron a hacerlo científicos japoneses en 1930. Consiste en extraer unidades foliculares (cada una con entre uno y cinco pelos) de la nuca e insertarlas en la zona donde no hay pelo. En ocasiones es recomendable hacer más de una operación a lo largo de los años y, como explica el especialista, se ha de negociar entre médico y paciente el aspecto que se busca. "No se les puede poner la forma de pelo de cuando iban a la guardería, porque el resultado es poco natural. Debemos tener en cuenta, además, que ese pelo nunca se caerá", comenta el experto, que también ha implantado pelos de las piernas en el cuero cabelludo. Otra alternativa empleada en la actualidad hasta que llegue, por fin, la solución definitiva contra la calvicie. 

"Cuando empecé a perder pelo a los 17 años, no estaba preparado, fue angustioso y terrible". La autoestima de quien fuera presidente de Cantabria se vio gravemente perjudicada por la calvicie, y decidió hacerse un transplante que le sirvió durante 30 años, pero del que ya no queda rastro. "Ahora me acepto como soy, pero sigo mirando con añoranza las fotos de cuando tenía cabello, incluso mi mujer me pinta pelo en las que salgo calvo, ja, ja, ja". Su esperanza de que se descubra una solución a la alopecia es tan intensa que aventura que "sería el bombazo del siglo. El laboratorio que lo consiga hará más negocio que Zara".

Es de los que opinan que la seducción está en la mirada, la sonrisa o la palabra y afirma que ser calvo no le ha perjudicado. Al contrario, asegura, es parte de su personalidad: "Pienso en la alopecia como si yo fuera un donante de pelo. Intento no ver la parte negativa del problema". Aun así, no niega que sigue fantaseando con el producto milagroso que le devuelva su melena, aunque afirme que "la calva me queda bien porque tengo una cabeza proporcionada y, además, ahorro en peluquería, que no está nada mal".

Se lo toma con humor y presume de su calvicie: "Con ella estoy atractivo e irresistible. Nunca he tenido un trauma por no tener pelo; es más, pienso que la alopecia en una cabeza bonita es pura seducción". De joven, le decían que "tenía más entradas que el Bernabéu", hasta que un día decidió acabar con la guasa y raparse: "Es la única solución que he usado para combatir la falta de pelo. Paso de productos que no sirven para nada".

Lo tiene claro: "Me veo estupendo calvo, sobre todo porque por las mañanas no pierdo el tiempo en peinarme". Achaca su alopecia a la edad y se lo toma con humor: "Ahora me toca la redondez, no se puede luchar contra los años, ni contra sus consecuencias".

Los postizos fueron uno de los recursos que utilizó para solucionar la alopecia, pero pronto se dio cuenta de que la naturalidad es el mejor remedio. "Se seduce con la palabra, no con el pelo, no existe solución para su caída al igual que no hay ningún producto que elimine la celulitis. Para no andar con medios pelos, decidí afeitarme y ahora lo hago todas las mañanas, recordando al mítico Yul Brynner".

"Con 18 años me llamaban el rey de la gomina Patrico, marca líder en ese momento". De hecho, al excesivo uso de este producto achaca su calvicie. Hace años visitó a un dermatólogo que le recomendó un producto: "Tenía que mezclar unos líquidos y aplicármelos con una jeringuilla. Era incómodo y no me resultó beneficioso". Desde entonces no cree en los crecepelos, pero asegura que algunos compañeros de trabajo han utilizado unos polvos mágicos que les ha incrementado su volumen: "Parece que tienen más pelo, pero los efectos secundarios quizá los dejen sin cabeza, ja, ja, ja".

"Yo iba cada tres semanas a la peluquería, raparme era un derroche y ni siquiera me quedaba todo lo corto que me gustaba, así que ¡para qué esperar más! Me lo quité todo". Además, se atreve a afirmar que los calvos están de moda y que "hay mujeres que los buscan así de fábrica. Como mi mujer, que fue la que me animó a que me lo cortara al cero. Ella tiene predilección por los calvos".

08 marzo 2017

Los pasos de una prueba de sangre

El futuro ya ha llegado. O al me-nos en lo que a medicina se refiere. Los avances en genética preventiva han dejado de ser solo proyectos de universidades e investigaciones para pasar a convertirse en una realidad que ya ha llegado a las consultas. Así, con un simple análisis genético (que se puede realizar a través de una muestra de sangre o de saliva) se puede detectar si se padece, entre otras cosas, cáncer de colón, de próstata, papiloma virus, Alzheimer, intolerancia a la lactosa o la enfermedad celiaca.

"Lo que se pretende es evitar otras pruebas tan invasivas y dolorosas como la colonospia, que es la que actualmente se hace para detectar el cáncer de colón", explica el doctor Nicolás Abril-Müller, presidente del Colegio de Médicos del Cantón de los Grisones (el más grande de Suiza) y fundador y director de la clínica Swiss Diagnosys, que recientemente ha abierto sus puertas en nuestro país.

El futuro se hace todavía más presente cuando, con ese mismo análisis, se consigue averiguar además la predisposición a padecer alguna de esas enfermedades antes mencionadas, ya sea por antecedentes familiares o por la aparición de síntomas de esa patología.

La importancia tanto del diagnóstico como de la prevención que nos facilitan los resultados de los análisis queda patente en los últimos estudios que aseguran que el 70% de las decisiones médicas dependen de los datos obtenidos en los laboratorio clínicos, donde este año se han analizado 832 millones de pruebas.

1. LA CITA. El paciente acude a la clínica para realizar una primera consulta informativa. El doctor elabora el historial del interesado y le pregunta por sus antecedentes familiares para determinar.
2. LA PRUEBA. La muestra (de sangre o de saliva, según la enfermedad que se busque) se obtiene en la primera consulta o en una cita posterior. Al no tratarse de una analítica común, no es necesario acudir en ayunas.
3. LA SANGRE. La cantidad de sangre que se extrae es similar a la de una analítica común, es decir, unos 100 mililitros aproximadamente, repartidos en tres tubos de laboratorio donde, previamente, se ha añadido un anticoagulante.
4. NACIONAL. Aunque la clínica se encuentra ubicada en Madrid, la extracción se puede realizar en otros laboratorios concertados del resto de España que, en el mismo día, hacen llegar las pruebas a la capital.
5. A SUIZA. El laboratorio encargado del análisis de la sangre se encuentra en Suiza. Hasta allí viajan en avión (desde la extracción hasta su llegada al país suizo trasncurren unas 10 horas) las extracciones refrigeradas.
6. EN EL LABORATORIO. Nada tiene que ver el laboratorio suizo con el clásico blanco inmaculado, lleno de microscopios y personal de bata blanca. Los ordenadores y las máquinas hacen aquí todo el trabajo.
7. PREPARADOS. Para detectar si el paciente padece la enfermedad, se obtiene de la sangre el plasma sanguíneo y de este se extrae el ADN. Tras esto se detecta la presencia de los genes que determinan el padecimiento del trastorno.
8. DIVIDIDOS. Según la enfermedad que se busque (cáncer de colon, de próstata, Alzheimer, papiloma virus, intolerancia a la lactosa...), las muestras se dividen en distintos raíles del laboratorio y se preparan.
9. AL HORNO. El auténtico protagonista del laboratorio es una especie de enorme horno donde se introducen las muestras ya tratadas y donde, a través de distintas reacciones químicas, se determina la presencia (o no) del gen enfermo.
10. RESULTADOS. El mismo horno donde se analiza la sangre interpreta y transforma los resultados obtenidos en gráficas y tablas con las que un bioquímico elabora el informe que le será entregado al paciente.
11. A ESPAÑA. Vía email, el informe llega a la clínica. Si la prueba da negativo, se aconseja repetirla en un par de años. Si da positivo, se realiza otra prueba que verifique el resultado, como una colonoscopia en el caso del cáncer de colon.
12. TRATAMIENTO. En el caso de que el diagnóstico sea positivo, la propia clínica le da la posibilidad al paciente de tener una segunda opinión, ya sea con otro médico de España o con expertos de Suiza. Se inicia el tratamiento.