16 noviembre 2017

Es tiempo de milagros

La XXXVIII edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián abre hoy sus puertas para exhibir, durante diez días, más de doscientas películas y acoger a numerosos actores y productores del mundo del celuloide. Diecisiete cintas, en representación de quince países, lucharán por la Concha de Oro y demás premios del palmarés. Estados Unidos, Francia, Italia, Holanda, Polonia, Austria, Unión Soviética, Finlandia, Yugoslavia, Curasao, Turquía, Venezuela, México, Rempública Democrática Alemana y España forman la amplia selección de países representados en la muestra donostiarra. En la sección oficial, muy esperado el filme norteamericano Muerte entre las flores, de los hermanos Joel y Ethan Coen, conocidos suficientemente por el público por películos como Sangre fácil y Arizona baby. También hay expectación con el filme francés La aventura de Catherine C, de Pierre Benchot, y con el italiano La semana de la esfinge, de Danielle Luchetti. Como dato anecdótico, reseñar la participación de la República Democrática Alemana, con una cinta que será la última que representa a este país, en puertas ya de consumar su reunificación. La cinta en cuestión es Búsqueda de motivo, de Dietmar Hochmuth, con Peter Zimmermann encabezando el reparto.


Siguiendo la costumbre de acercar la cinematografía latinoamericana, esta sección acoge a países como Venezuela y México, mientras mantiene también su habitual representación de los países del Este como la URSS, Polonia y Yugoslavia. El cine hispano está representado por títulos como Río negro, una producción venezolana, dirigida por Atahulpa Lichy y que cuenta con el aliciente de la interpretación de Angela Molina, y con la mexicana Rojo amanecer, de Jorge Fons. 

Por su parte, los países del Este están representados por tres películas: la soviética Las patillas, de Yuri Mamin; la polaca Una historia amoral, de Bárbara Sass, y la yugoslava Tiempo de milagros, de Goran Paskaljevic. Aunque menos frecuente en la tradición de esta muestra, el cartel oficial incluye este año cinematografías exóticas o poco frecuentes en festivales, con la presencia de Austria, Holanda, Turquía, Curacao o Finlandia. Oh, Boris, de Niki List, y Nunca en la vida, de Helmut Berger, son las dos historias austriacas. Todas las puertas estaban cerradas, de Memduh Um, representa a Turquía y Dolly y su amante, de Matti Ijas acerca al Festival la sensibilidad finlandesa. Holanda también participa con Luba, de Alejandro Agresti, y con Ava y Gabriel, un filme de Félix de Rooy, en coproducción con Curasao. Pero los alicientes de la sección ficial no terminan aquí. Ya fuera de concurso, las sesiones inaugural y de clausura contarán con la proyección de dos atractivas cintas norteamericanas. El novato, de Andrew Bergman, con la última interpretación de Marlon Brando, el día 20, y Presunto inocente, un filme de Alan J. Pakula que aún no ha sido estrenado en Europa y que cuenta con el último papel realizado por Harrison Ford, el próximo día 29. Finalmente, esta sección contará con la participación de otras dos producciones que, igualmente fuera de concurso, se exhibirán como «Especiales Medianoche», al estar dirigidas por dos miembros del jurado. 

Serán la película irlandesa Hidden agenda, de Ken Loach, y la austriaca La puta del rey, de Axel Corti. El jurado, además de los dos realizadores citados anteriormente, estará compuesto por destacados directores de la cinematografía mundial, que tendrán en sus manos decidir qué películas se llevarán los preciados galardones. 

El español José Luis Borau, el norteamericano Charles Burnett, Axel Corti por Austria, el venezolano Román Chalbaud, Ken Loach por Gran Bretaña, Nelson Pereirado Santos por Brasil y el soviético Victor Prokhorov completan el jurado internacional.

La otra sección estrella del certamen donostiarra es la de «Zabaltegi» (Zona Abierta). Este apartado de la programación otorga parte de su espacio a nuevos realizadores que, como en años anteriores, competirán por el premio. En total, incluirá la proyección de medio centenar del filmes, en un repaso a aspectos peculiares de la cinematografía mundial. 

Otra de las curiosidades de esta sección es la exposición de una película sobre la tragedia nuclear de Chernobyl. Se trata de una coproducción rusonorteamericana, rodada en Ucrania y cuyos efectos especiales han sido montados en Los Angeles. También tienen cabida interesantes documentales como el realizado por directores de las dos Alemanias sobre la vida de este país, tras la caída del muro.

12 noviembre 2017

Operaciones estéticas de las venezolanas

La oferta más estimulante que ha ofrecido el festival en su segundo día de existencia consiste en la posibilidad de observar las piernas inmarchitables de la hoy anciana Cyd Charisse, probar que la maravillosa sensación de escuchar el sonido dél mar no envejece jamás y devorar un rodaballo que no esté familiarizado con nada de lo referente a la nouvelle cuisine. Estas pequeñas cositas de la vida alivian temporalmente el inenarrable muermo que nos ha procurado a los espíritus no contaminados un par de engendros con formato de películas tituladas Río negro y La aventura de Catherine C. La primera es un intento patético de emular las hazañas e inflemos existenciales de Lope de Aguirre. 

El director Atahualpa Lichy posee más afinidades estilísticas con el universo de Cristal que con la épica de un Sender o de un García Márquez. Cuenta la historia de una gente muy corrupta que trata de apoderarse del dinero y de los privilegios de otra gente muy corrupta hasta que un tronado obsesionado con la pureza y con la creación de un nuevo orden social y vital se los carga a todos. La compleja trama se desarrolla en un pueblo de la selva venezolana pero la localización geográfica y las obligadas hermosuras paisajísticas no sirven para endulzar el profundo sopor que inspiran sus ambiciosos y retorcidos personajes. Todos ellos padecen de fiebres eróticas y les va cantidad la sangre y las intrigas, pero no consiguen la menor complicidad ideológica o emocional con el sufrido espectador, que lo único que desea es que se acaben sus males y sus torturas cuanto antes para irse a tomar el aire fresco de Donosti.


Angela Molina anda tan perdida como el resto de sus colegas en medio de este naturalismo con pretensiones de trascendencia. El personaje que interpreta anhela desde los primeros planos abandonar la selva y regresar al sofisticado París y presiento que a la despistada actriz le ocurría algo similar: 

El director de este seco Rio negro ha desarrollado su carrera profesional en Francia pero el aprendizaje no ha conseguido borrar sus raíces tercermundistas en la estética de sus imágenes. Los diálogos muestran las huellas de un hombre cultivado y muy leído pero no alteran el résultado del producto. Si Río negro ofrece al menos la posibilidad de ver peleas de gallos, vegetación, putas de principio de siglo o escenas de acción, la francesa La aventura de Catherine C. niega hasta la mínima oportunidad de ensoñación al amodorramiento e irritado espectador. Los críticos de cine y los suspicaces profesionales hemos sospechado que la ausencia de cine francés en las últimas ediciones del festival de San Sebastián se debía al pavor de los organizadores ante las presiones batasuneras. Para demostrarnos que estábamos equivocados los programadores nos han castigado con el bodrio más representativo e, infecto que han podido encontrar en el cine galo, en la patria artística y sentimental de hombres como Becker, Melvale, Renoir, Bresson, Eustache, Malle y Truffaut. El relamido y abofeteable Pierre Beuchot y su compendio de necedades hipersensibles titulado La aventura de Catherine C no tiene nada que ver, ni que oír, ni que narrar, con la obra de sus ilustres paisanos pero es representativo de las cursilerías más grimosas que la douce France identifica como arte y sentimientos.

La parida de Beuchot ilustra en secuencias desprovistas del ritmo la desesperación amorosa de una actriz cuyos amantes masculinos y femeninos acaban pegándose un tiro, algo consecuente después de pasarse la vida teorizando sobre los oscuros pasillos del alma y el «ayer soñé que soñaba». Si en vez de «largar» tanto sobre sus contradicciones, sus ilusiones metafísicas y su oscilante incomunicación, se preocuparan de otorgarle placer a sus respectivas entrepiernas, tal vez hubieran sido felices y hubieran comido perdices. , que es muy profundo y romántico, se empeña en que comprendamos la frustración y la poesía de este trío de distinguidos idiotas que hablan del «vidrio opaco de mi melancólica soledad» y del «purificador; olvido de la esencia corpórea de lo que me atravesó el corazón». 

El único interés de este menage a trois consiste en averiguar si dos señoras tan morbosas como Fanny Ardant y a nos van a deleitar con alguna perversión erótica compartida o si su búsqueda de la sensualidad va a terminar en la zoofilia, pero el púdico director es un amante de las elipsis y nos deja con la miel en la boca.

08 noviembre 2017

La delicadeza de los paragüas

Jacques Demy pretendió un imposible y llevó a cabo (y a buen fin) una utopía: realizar cine musical en Francia, cuando el musical había muerto ya en su cuna, en los EEUU, donde apenas se dejaba un rendija a las excepciones. 

Demy hizo musical con Hollywood atrás, pero sin un Broadway en los Champs-Elysées. Siendo un extremo del abanico ofrecido por la nouvelle vague, en medio de los años sesenta, ha dejado a una generación prendida al recuerdo de Los paraguas de Cherburgo y Las señoritas de Rochefort, sus coreografías exquisitas y, gracias a Dios, a Terpsícore y otros dioses, irreprochable y brillantemente insensatas, y a las partituras de Michel Legrand. El pecado de algunos es la osadía. El de otros, la falta de ambición. 

La virtud de Jacques Demy fue la audacia. El romance de Los paraguas de Cherburgo (propio de una zarzuela, o de como se llamen las zarzuelas en las distintas latitudes) toma vuelo con Demy, que conseguía hacer maravilloso lo trivial, porque estaba tocado de cierta gráce. Catherine Deneuve se convirtió (al lado de Nino Castelnuovo y Anne Vernon) en la rubia que, desde el Boulevard Maritime de la punta de Normandía-Cotentin, se alojó en muchos corazones.


A la delicadeza de Los paraguas de Cherburgo, del 64, siguió, en el 67, la vitalidad exultante y exuberante de Las señoritas de Rochefort, donde las hermanas Dorléac (Catherine Deneuve y Françoise Dorléac) seguían la huella de Cyd Charisse, con Georges Chakiris y Gene Kelly, más, fuera de la pista, Danielle Darrieux, Jacques Perrin y Michel Piccoli, desplegados por el Jardín de la Marina, cara al Atlántico. Demy, que había comenzado en cortometrajes (1956-1959), debutó en el largo con Lola, rodada en Nantes, con. Anouk, Aimée. 

La Baie des Anges fue su comentario a Niza. Piel de Asno y El flautista de Hamelin fueron manifiestos sobre el amor a los cuentos. Venciendo siempre las dificultades para plasmar sus proyectos, Demy, fiel a sus principios, prolongó su carrera con Une chambre en ville y Trois places pour le 26, musicales, ignorando gallardamente los tabús y las conveniencias de su tiempo. Ha muerto un artista sin faceta alguna de comerciante.

04 noviembre 2017

Interrupción de películas por publicidad

A finales de este año, la deuda acumulada de La Cinq alcanzará los 50.000 millones de pesetas, y eso, unido a sus propios problemas en el sector escrito, ha desalentado definitivamente a Hersant. Desde que él entró, en 1987, se ha producido la casi totalidad de esa deuda. Hersant, que era presidente de la cadena, traspasa la presidencia a un hombre de Lagardére, Yves Sabouret. 

Uno de los problemas esenciales con que se topa -y más en momentos de recesión publicitaria- la televisión comercial francesa es la estricta reglamentación del uso de la publicidad, y otros con el objetivo de «proteger» a la industria del cine, que en Francia es algo así como un patrimonio nacional. Así, olvidada la euforia del nacimiento de televisiones comerciales como La Cinq o M6, la clase política se ha puesto de acuerdo con los poderes públicos para recortar los segmentos publicitarios entre programa y programa o en mitad de una película. 

Nada que ver a partir de ahora con la Italia de Berlusconi, cuyos telespectadores tienen que sufrir la machacona interrupción de películas por «Spots». Por otra parte, los largometrajes sólo pueden emitirse en detetminadas noches de la semana con lo que se pretende incitar al a salir a ver un espectáculo, en particular el cine en la pantalla grande.


Esta situación no afecta a Canal Plus, la cadena codificada, que impulsada por los poderes públicos -está controlada por el «holding» semipúblico Hayas- obtuvo tratamiento de favor: emisión constante de películas, incluso de estreno, tras un acuerdo con los representantes de las salas de cine que fue fuertemente promovido por el poder político. Eso le aseguró un fulgurante éxito comercial y unos altos beneficios que contrastan con la situación de las cadenas de emisión no codificada. Otras reglamentaciones también muy restrictivas son las referidas al contenido de la programación (50% francés, 10% europeo); un impuesto del 15% sobre los ingresos brutos de cada cadena, para ayudar a la financiación de series televisivas autóctonas. 

De esta manera, incluso sufre la cadena TF1, cuya privatización sonrió a la candidatura encabezada por el constructor Francis Bouygues (frente a la de Lagardére, en la que estaban los diarios Le Monde y El País), y que por ser heredera de la vieja primera cadena estatal ha mantenido el primer puesto de audiencia. TF1 tiene un 42% de la audiencia francesa y tuvo unos ingresos brutos dé 100.000 millónes de pesetas en 1989. Pese a ello sus beneficiós netos fueron sólo de 4.200 millones de pesetas. En declaraciones a la revista Time, el subdirector de TF1, Cyrille du Peloux, explicaba: «Si tuviésemos un "cash flow" mayor, podríamos diversificamos más y financiar más coproducciones europeas. Pero con las varias restricciones, no nos queda casi nada». Su esperanza es que antes o después «la integración europea signifique que las reglas del libre mercado se apliquen también a Francia». 

Las limitaciones del cine en la televisión son una de las causas de la importancia de los programas puramente televisivos, con innumerables paneles de debate, algunas veces -no todas- interesantes. Y de ahí la pugna por las estrellas televisivas como Patrick Poivre d'Arvor, Christine Ockrent o Bernard Pivot entre cadenas públicas y privadas, con salarios millonarios, fichajes y desfichajes: de ellos dependía en buena medida el éxito de una cadena. Pero el éxito de audiencia no significa, en Francia, éxito empresarial asegurado. Ahora, el descenso real en el reparto de la «tajada» publicitaria ha llevado a que el paisaje audiovisual francés aparezca de pronto con demasiadas bocas para pocos platos. Tres cadenas públicas (Antenne 2, FR3 y La Sept) y cuatro privadas (TF1, privatizada por el Gobierno Chirac en 1986, Canal Plus, La Cinq y M6) parecen demasiadas para subsistir todas de forma duradera. Esta situación ha llevado en más de una ocasión al ministro de Cultura Jack Lang y la ministra encargada de la Comunicación, Catherine Tasca, a dejar caer que «existe una cadena de más». Según las malas lenguas, los dos ministros se refieren a La Cinq.

Pero no hay que adelantarse a los acontecimientos. Por de pronto, la situación en La Cinq es que el Conseil Supérieur de l'Audiovisuel (CSA, el supremo organismo, perro guardián de la TV y autor de todas esas restricciones) autorizó la semana pasada el cambio de propiedad de la cadena. El 25% de Hachette es el tope máximo que la ley francesa -como la española- autoriza en la televisión privada. Pero -como en España también Lagardére, editor y fabricante de armas (Matra), cuenta con el respaldo de un grupo de bancos amigos que poseen poco más del 20%. Un analista como Serge Siritzky, director del boletín Telescoop, opina: «Lagardére podría conseguir sacar a La Cinq de números rojos, pero le costará más de lo que él piensa, y tardará más de lo que él también piensa». Lo que piensa Lagardére es que se puede llegar a números negros en 1994. 

En Francia se opina que la decisión del CSA es una clara derrota para Lang y para Tasca, que querrían ver la desaparición de una cadena. Los competidores de La Cinq también se movieron con vigor para lograr la clausura de esta cadena, o su relanzamiento con una licencia mucho más reducida que la actual. El CSA, sin embargo, no ha dejado de recoger las actuales inquietudes del sector: en su decisión sobre La Cinq se solicita a la editorial Hachette, nuevo socio en posición de control -seis puestos de los once del consejo de administración...-, que estudie modos de cooperación con la pequeña M6, nacida como «cadena musical» pero pronto pasada al generalismo, que también pierde dinero. (Como todas las cadenas salvo TF1 y Canal Plus). 

Por ahora, la cooperación con M6 es una idea en el aire y las conversaciones están en vía muerta. Y la «toma del poder» por parte de Lagardére y de sus hombres (procedentes en buena parte de la emisora de radio, también suya, Europe 1) ha causado desmoralización en la casa: «patoso», «una invasión». Muchos, apuntaba Libération, mostraban su escepticismo: sólo es la cuarta vez , en cuato años que un nuevo patrón llega a La Cinq prometiendo relanzamiento y éxito.

31 octubre 2017

Michéle Mercier sentada en la cama

Entre los directores que tienen que agradecer a Braunberger haber contado con un productor con grandes cualidades de creador, se encuentran Renoir, Buñuel, Resnais, Godard y Truffaut. Su pasión por el cine la satisfacía desde los 17 años en que empezó a conseguir pequeños trozos de películas. Siendo un adolescente, ya se pudo atribuir el título de productor en la primera película de Renoir, «La hija del agua» (1925). Esta fue seguida por «Nana» (1926), una adaptación de la novela de Zola, que fracasó, en parte porque en los créditos aparecían los nombres de Catherine Hessling, Werner Kraus y Braunberger (un judío francés). El público gritaba: «¿Son boches!», «¡es una película boche!», «¿Abajo los boches!». 

Habían pasado sólo diez años desde Verdún. Produjo «Un perro andaluz» (1926), de Buñuel, hecho bajo la influencia del surrealista Breton, y «La edad de oro» (1930), prohibida después de que un grupo fascista llenara de tinta la pantalla del cine en que se proyectaba. El fue quien animó a Renoir a dirigir «Un día en el campo», basada en un relato corto de Maupassant. Después de que la película fue abandonada en el lluvioso verano de 1936, tras rodar tan sólo dos secuencias, decidió añadir títulos entre las escenas para explicar los pasajes perdidos. Una década más tarde, la obra maestra fue estrenada con gran éxito. 

Braunberger era aún una fuerza viva en el cine francés cuando nació la «nouvelle vague» en 1959. El dio a Resnais, una de las máximas figuras del nuevo movimiento, la oportunidad de realizar sus primeras películas, los innovadores documentales «Van Gogh» y «Guernica». Y produjo también la segunda película de Truffaut, «Tirez sur le pianiste» (1960). 

Esta última fue inicialmente considerada como no apta para menores de 18 años. Braunberger tuvo que limar algunas asperezas. Según reveló Truffaut, «la polémica no se refería al total de la película, sino a una sola escena en la que Michéle Mercier aparecía sentada sobre la cama, con los pechos descubiertos. Pierre Braunberger se comprometió a cortar uno de los pechos de la actriz (técnicamente muy difícil), con lo cual para el ministerio ya todo era aceptable. El combativo productor ganó así otra batalla en nombre del arte que tanto amaba.

27 octubre 2017

Los secretos más íntimos de Andy Warhol

Sábado 18 de Junio, 1977 Víctor dijo que era un buen día para pasear en busca de ideas, así que nos fuimos al Village. Pero era como en De repente, el último verano: yo era su cebo para ligar y los muchachos que se acercaran a hablar conmigo se los ligaría Víctor. Estuvimos sentados en el Riviera Lounge durante cuatro horas, tomando té y café (7$). Me fui a casa y llamé a Julia Scorsese al Sherry Netherland -ella me había llamado- y me dijo que no colgase y me tuvo esperando diez minutos. Luego volvió a ponerse y me dijo que esperase un poco más y me tuvo así otros diez minutos. Luego se puso Liza Minnelli y me dijo: «Hola, soy Liza. Dame tu número de teléfono y ella te llamará en seguida». Luego, Julia me llamó y me invitó a cenar. 


Le dije que estaba con Catherine y su hermano y me dijo que los llevara. Fuimos al Sherry (2$). Cuando entrábamos, un tipo con barba estaba cogiendo el ascensor. Estaban Mr. y Mrs. Scorsese, los padres de Martin. Son más altos que él, cosa bastante rara, porque los hijos suelen ser más altos que los padres. Había un par de agentes. Sus padres viven en el centro, justo debajo de Ballato's. Había una niñera con un bebé muy guapo. Era la niñera que Julia acababa de contratar. Se había perdido en el aeropuerto, así que a Julia le preocupaba que no fuese muy buena. 

También había una chica negra con otro bebé. El tipo de la barba resultó ser Robert De Niro y la chica negra era su mujer, Diahnne Abbott. Marty está mucho más delgado, está a régimen. Jack Haley estaba por allí. Liza llevaba el vestido que Halston había hecho con una tela inspirada en mi serié Flower. Marty salió con un traje blanco, pero luego se cambió y se puso uno negro. 

Todo el mundo bajó a comer. Estaba con ellos Roger. Una chica de la U.A., que se dedica a la publicidad, besaba a Roger. es muy guapo y encantador. Nos enseñó lo que él llamaba sus tres expresiones: «preocupado», «cejas levantadas» y «cejas baja eDdas». Se ha casado tres veces y ahora está casado con una italiana. Bobby De Niro vino después de la cena, con un agente que llevaba unas gafas muy divertidas, y no habló mucho. Los padres de Marty se quedaron hasta muy tarde. Todo el mundo estaba muy borracho. Querían que yo hiciera un brindis. Yo estaba tan borracho que me levanté y dije algo. Supongo que me salió bien, porque todo el mundo comentó lo conmovedor que había sido. Pero como estaba tan bebido, no me acuerdo de lo que dije. Liza repitió varias veces: «Se lo contaé a mis nietos». iY he olvidado todo lo demás! Fue una de mis mejores fiestas. Robé un disco de New York, New York, porque Valentine lo quería, y Roger Moore había escrito algo en la parte de atrás. Pero me sentí muy mal porque me vieron. 

Yo estaba tomando analgésicos por laoperación de cuello de la semana pasada, la biopsia. Todavía no sé los resultados. Cuando salimos del Sherry estaba amaneciendo. Eran las seis (taxi, 3,50$). . Lunes 29 de Mayo, 1978 Fuimos a casa de David Bourdon a enteramos de algunos chismes de arte (taxi 2$). El edificio de David está en la calle Diez, justo en medio de la feria callejera de arte que se celebra en el Greenwich Village, y David estaba muy molesto. Había mucho plasta por ahí. Nos fuimos andando a comer al One Fifth y por el camino vimos a Patti Smith con un bombín, comprando comida para su gato. La invité pensando que no aceptaría, pero me dijo: «Fantástico». Cuando entramos, estaba la best sellernúmero uno, Fran Lebowitz, sentada con Lisa Robinson. El One Fifth es bonito, brillante y chillón. 

Patti no quería comer mucho, así que se comió la mitad de mi almuerzo. Me dijo que sólo le gustaban los rubios y que le gustaría tener un asunto con un rubio. Yo no podía dejar de pensar en su «b.o.». No estaría mal si se lavara y se arreglara un poco. Todavía está demasiado delgada. Ahora está contratada por una galería, pinta cuadros y escribe poesías. La Robert Miller Gallery. Me contó que había tenido un hijo, que por eso se había ido de Nueva Jersey, y que su hijo vivía adoptado en Rittenhouse Square. Habla de su hijo com si fuera una «cosa» y David le preguntó el sexo de la «cosa», y dijo que era una niña. Me recordó mucho a Ivy, todo era comedia. Dijo que estaba en Italia el día en que secuestraron a Aldo Moro y que aquel día Aldo Moro y ella habían sido los temas importantes en la televisión italiana. Dijo que en los sesenta no tomaba drogas, que había empezado recientemente y sólo para trabajar. Total, que arruinó mi comida «de amigas» con David; no me enteré de ningún cotilleo (comida 35$). Patti vive encima del One Fifth y luego se fue para arriba. David y yo fuimos andando a Mays a comprar provisiones para la oficina (32,89$, 2,79$). 

Me cansé mucho de andar al sol. Aquí en, la Sesenta y seis, el agua caliente se calienta demasiado y hay un escape. Yo me temo que va a haber una explosión, y el fontanero no viene. . Viernes 7 de Julio, 1978 Quedé con Truman en el U.N. Plaza a las 11:00 (taxi 3$). El bajó en el ascensor. Yotenía el magnetofón encendido. Empezó a hablar de Babe Paley. Ella se acababa de morir y él estaba desesperado. Estaba buscando lirios del valle para ella. Me dijo que odiaba a Bill Paley porque era muy importante para ella. Entramos al gimnasio y la gente nos miraba, teníamos un aspecto peculiar. Fuimos a la sala donde Tony le hace el masaje, Truman se desnudó y yo (risas) le hice fotos. Está gordo, pero está adelgazando. Cuando subíamos, los pantalones se le caían como un pañal flojo y se le veía la raja del culo. Después de la comida Truman nos llevó a Bob Mac Bride y a mí, a su psiquiatra. Truman le había dicho que yo iba a grabarle. 

Y allí estábamos (risas), Truman en el diván hablando de su padre, su madre y su padrastro, y de que su padre le había quitado todo su dinero y todo eso. Y el psiquiatra hablaba como hablan los psiquiatras de las películas... «Volvamos a ese sueño del otro día». Truman se levantó y miró por la ventana, y luego nos miró a nosotros, tenía lágrimas en los ojos y cuando terminó dio un bote y dijo: «¿No os ha parecido una actuación fantástica?» Luego se fueron a casa a echarse «una siestecita». Finalmente comprendí que «una siestecita» quería decir acostarse con Bob.

04 julio 2017

Diandra, la modelo negra y albina fea como un rayo

Su cuerpo vende, y tiene suerte. Mientras camina por las pasarelas otros como ella deben correr para intentar salvarse. Diandra Forrest es la única top model albina, y con su ejemplo pretende ayudar a normalizar esta enfermedad congénita.

En África, especialmente en los países orientales, cientos de albinos son secuestrados, asesinados, mutilados... Su sangre, su pelo y genitales son usados para hacer pociones que los hechizeros «recetan» como cura para problemas de amores, negocios, etcétera.

Una extremidad inferior, como la pierna derecha de un albino, puede ser vendida por unos 2.000 dólares, y el precio de un brazo oscila sobre los 800 dólares, según la rumorología.

«Para mí es muy importante estar aquí, porque quiero cambiar la forma en la que se mira a las chicas con albinismo en el continente», decía hace unas semanas a la cadena británica BBC, resplandeciente entre las bambalinas de la Semana Africana de la Moda, celebrada en esta ocasión en la ciudad de Johanesburgo.

«Cuando descubrí que en países como Tanzania los albinos sufren el riesgo de que les amputen sus miembros para el negocio clandestino me quedé simplemente impactada», añade.

Diandra es afroamericana, pasó su infancia en el barrio neoyorquino del Bronx. Ser diferente en el colegio siempre es duro; ella lo es y mucho.

Cuando el acoso se hizo insoportable, sus padres optaron por cambiarla de colegio, pensando que estaría mucho mejor en un centro para niños «especiales».

Aún así, la negra blanca se sabe afortunada: «Siempre pensé que mi infancia había sido dura, con los niños burlándose de mí todo el tiempo. Solía volver a casa llorando», recuerda. «Pero eso no es nada comparado con lo que los albinos sufren aquí, particularmente en las áreas rurales», añade la modelo.

La suerte quiso que un buen día, a los 13 años, mientras paseaba a toda velocidad por la calle 34 de Manhattan, el fotógrafo Shameer Khan viera su inusual belleza.

Según algunas fuentes, en África nace un albino por cada 4.000 hombres, pero otras señalan que el porcentaje es de uno por cada 17.000.

Mide más de 1,80 centímetros, su piel es blanca a consecuencia de la falta total de pigmentos, como su pelo o pestañas, y tiene unos ojos verde grisáceos que a juzgar de quienes los han mirado son hechizantes.

«Parece tan de otro mundo...», comenta el diseñador sudafricano Jacob Kimmie, embelesado cuando vio a Forrest por primera vez.

Poco después de ser descubierta comenzó a trabajar. Ha sido portada de revista, ha desfilado para Bess, Eva Minge o Vivienne Westwood e incluso ha compartido cameo con las modelos Irina Shaik y Jessica White en uno de los videoclips del rapero estadounidense Kanye West.

Ahora se ha convertido en el rostro visible de la marca de moda Legit. «Soy una mujer de color», se lee en grandes letras en su última campaña publicitaria.