08 septiembre 2012

Buscando secretaria


Las criadas, genetianas o no, están en desuso. Las chicas, hoy en día, no quieren servir. Y, efectivamente, dicho y hecho, no sirven. Las damas de la burguesía progreinstalada están, como en su día lo estuvieron sus madres, desesperadas. No, porque tengan la plata sin limpiar, que no tienen plata, sino porque las cintas de video se amontonan por el suelo sin nadie que les quite el polvo. Las criadas, aquella institución tan esclavista, y por tanto tan benéfica para la burguesía sureña -toda burguesía es sureña en el fondo, aunque les duela a los litris de Bilbao, han desaparecido bajo el manto semántico. Dejaron de existir, importancia taumatúrgica de las palabras, cuando se les empezó a llamar «empleadas del hogar». 

Una criada era una criada, pero una empleada es un sindicato, o sea, un sujeto de derechos, activamente reivindicativo, y a un sindicato, si no se le pone, no plancha la colada ni que cantes «La Internacional»con los brazos en cruz. De todas formas, bien mirado, y digan - lo que digan las nuevas señoronas, las criadas son cada vez menos necesarias. Estamos en la era de la «criada electrónica». Las criadas del Sur profundo eran negras -iseñorita Escarlata! - o, al menos, trabajaban como negras. Pero ahora son blancas, de linea blanca, que se dice, los electrodomésticos, digo. Las domésticas eléctricas, que no son criadas «heavys», como podría parecer, sino aparatos que funcionan con un enchufe. Sólo falta por inventar la niñera eléctrica, es decir, un artefacto que saque a pasear al niño, le bañe y le dé de comer. Cada cosa, con su programa. 

Como las lavadoras. Y que lo centrifugue, al niño, incluso, para dejarlo suave y que dé paz. En fin, eso queda para el 92. Pero las criadas están de cofia caída no sólo por ésto, sino porque, en realidad, las familias, más que ayuda doméstica, lo que necesitan es un secretario para que les lleve los quehaceres propios de sus relaciones con el Estado. Yo, en vez de un secretario, como soy machista, pido una secretaria, y así podría mirarle las piernas. Por mirar. Efectivamente, que dicen los escolásticos cuando se dan la razón a sí mismos -iy a quién se la vas a dar! -, las relaciones de la unidad familiar, prodigio de desunión, por cierto, con las instituciones del Estado requieren de una secretaria que no tenga ni los sábados libres. Porque entre la declaración de la renta, los impresos del Insalud, los mensajes cifrados de los bancos, las solicitudes del Gas y del teléfono, la contribución urbana y catorce mil cosas más que nos están cayendo, fregar quinientos platos seguidos es pan comido en comparación con llevar al día los papeles para que no te crucifiquen vivo por moroso, insumiso, defraudador o lo que sea. Así que pongo un anuncio: necesito secretaria por Harvard. Mediocridades, abstenerse.

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