24 octubre 2012

A ver quien es aquí el culpable


Quien siembra vientos recoge tempestades, por más que la tempestad de ayer fuera excesiva y descargara, fundamentalmente, sobre tres toreros que eran los que menos culpa tenían. Uno de los aspectos de la justicia distributiva, quizá el más difícil de calibrar y de aplicar, es la selección de responsabilidades, la elección del objetivo adecuado.Toresma es culpable, pero ello no justifica la furiosa inquina, la pasión homicida que se desató contra Curro Vázquez, José Luis Parada y Pepe Luis Vázquez. Y digo homicida en sentido estrictamente literal, pues el ruedo sembrado de almohadillas era una amenaza, un peligro inminente mientras durase la lidia. Pepe Luis Vázquez a punto estuvo de caer tras tropezar con un almohadilla.

Juzguen ustedes lo que hubiera ocurrido delante de la cara de un toro mal lidiado, bronco, manso y con ganas de coger a quien se le acercara. La culpa es de Toresma que ha servido una feria que ha sido una chapuza -tal como adelantábamos y adelantaban todos; pero respétese la integridad de los toreros en el transcurso de la lidia. Después, unos almohadillazos más o menos, si no han estado a la altura de las circunstancias, puede que no importen demasiado. Pero durante la lidia ha de haber un principio sagrado: dejar hacer a los toreros. Luego la recompensa o la repulsa.

- La culpa es de Toresma, la culpa es si me apuran de la Comunidad de Madrid que, en ocasiones, parece un subalterno de Toresma. Véase si no, cómo la Comunidad terció en el pleito de los Lozano con Joselito en la manera'de resolver el cartel de la Beneficencia. La culpa es de Toresma y la violencia foquista que devastó ayer las Ventas del Espíritu Santo son las tempestados que sembraron, y culpa también de un presidente, el señor Espada, que no cambió el tercio de banderillas cuando estaba claro que era imposible banderillear. Puede que con el Reglamento en la mano tenga razón el señor Espada.

Pero, uno ha aprendido, a lo largo de esta Feria y de otras ferias, que la aplicación del reglamento no es una fórmula matemática y que es discrecional. Puñetera suerte que la discrecionalidad siempre se aplica mal.Y puñetera gracia que tenía la gorda marrana del tendido del cuatro enseñando sus adiposas nalgas, sus posaderas elefantiásicas y celulíticas, mientras mimaba grotescamente suertes del arte de torear. Es de creer que los guardias le hayan tomado el numero para que no vuelva a pisar más una plaza de toros. Por grosera y esperpéntica, no por gorda.

El hecho es que estalló la violencia y a mí, que me había pasado la corrida vagabundeando tras los trajes de luces de los toreros, me pilló desprevenido e interrumpió mis meditaciones sobre la interacción de los colores. La interacción de los colores, principio muy aplicado en las artes plásticas, conviene tenerlo en cuenta al hablar de los trajes de los toreros. Por ejemplo, ayer el verde botella y oro de Curro Vázquez a mí me parecía tabaco y oro y también me parecía tabaco, el granate de Pepe Luis.

Son cosas personales y del tiempo y de los intensos reflejos que el oro, color dominante, proyecta sobre los otros colores. Lo de Parada no había cuestión; era claramente un blanco y oro con cabos negros en el que la interacción no se manifiesta en nada. En estas divagaciones me había perdido en el transcurso de la corrida. Y en ellas, salvo aquel redondo y aquel cambio de manos de Pepe Luis, seda pura, o salvo algún derechazo de Parada o aquellos dos de Curro, me cogió la tormenta.

Y, mientras arreciaba, como nada podía hacer, seguí pensando en los trajes de luces. El traje de torear no ha experimentado muchos cambios. Pasó del ante a la seda y, en la actualidad, es aproximadamente una variante del traje de majo con ornamentación. Pasó del ante a la seda y se le han ido añadiendo bordados y alamares. El traje de luces no admite innovaciones posmodernas. En 1967 Picasso diseñó para Luis Miguel Dominguín un traje, cuyas máximas audacias - me parece recordar- eran el blanco y negro con hombreras circulares y sin luces ni bordados. El diseño no agradó a nadie.

Posteriormente José Díaz ideó uno para Antonio Bienvenida. Acerca de este traje, un crítico que siente todo lo de los Bienvendida como algo entrañablemente personal, dijo algo en verdad ingenioso: si levanta el Papa Negro la cabeza y ve a su hijo vestido de catafalco... Fue esto o algo parecido. En esto meditaba yo y en cosas similares cuando estalló la tormenta y me cogió a contrapié. Censuro el trato dado a los toreros. Pero Toresma es culpable. Que la Comunidad de Madrid vaya tomando medidas.

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