14 mayo 2013

Esperemos que el rock tenga larga vida


Desde que Elvis empezó a mover la pelvis frente a miles de enloquecidas jovencitas hasta nuestros días, el rock -concepto más amplio que el rock and roll, cuyo trono ocupó el cantante de Misisipí- ha sido objeto de múltiples censuras. Sin duda alguna la más eficaz fue la ejercida en la Unión Soviética y en algunos países de su satélite, donde se optó directamente por la prohibición. De esta manera se consiguió que la juventud no conociera los ritmos que mejor canalizan las inquietudes de los pocos años y que ahora, que ha caído el muro, los grandes mitos del rock se niegan a interpretar sus temas en aquellas latitudes. 

David Gilmour, el más enigmático de los componentes de Pink Floyd, no estaba en el concierto que se celebró en Berlín hace unos meses. A este lado de las ruinas del telón la censura ha sido ineficaz porque la juventud gasta mucho dinero. Sin embargo yo tengo un pariente al que no le hizo falta convertirse al capitalismo y le indignó que Felipe González recibiera a Mick Jagger. Aquí tampoco han faltado mojigatos para poner el grito en el cielo cuando a los «tenageers» les daba por llevar en la cabeza una cresta pintada de verde o por amarse lo mismo que las bestias. Puritanos y marxistas son igual de dogmáticos en lo que a música joven se refiere, saben que es poderosa y la temen. Imagínense ustedes que cada disco fuera un voto, Elvis tendría más que muchos presidentes electos. Censurar el rock es como censurar la juventud. 

Prohibir, en mi opinión, es lo más repugnante que puede hacer un ser humano. Por eso, los que gustan de ejercitar el mando caen sobre nuestra música -para nosotros nuestra manera de vivir- como las sanguijuelas sobre la sangre fresca. Sus dentelladas no le sirven de nada, el rock, en líneas generales, es la manifestación cultural más importante de nuestro final de siglo. Se podría hablar durante un buen rato de las influencias del rock en el llorado mayo del 68 o en la nueva concepción de las relaciones sexuales. 

Decididamente los que pretenden una juventud cuadriculada están en lo cierto al perseguirla, la música joven ha sido la causante de que el mundo sea más libre que nunca. Afortunadamente los esfuerzos del puritanismo son inútiles. Por eso mismo termino estas palabras deseando larga vida al rock, aunque sea Año Nuevo.

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