19 junio 2013

A Brad Pitt le va la velocidad y la cerveza

Sólo así pudo superar la fase de estrella de televisión (Jóvenes policías), debutar en Pesadilla en Elm Street 3 y Platoon y protagonizar El lágrima y las románticas Eduardo Manostijeras junto a su pasión de antaño, Winona Ryder, y Benny y Joon. Considerado uno de los más interesantes actores de su generación, Depp aspira a hacer películas que le interesen al margen de su comercialidad y a incrementar su colección de insectos y cuadros de payasos. Su meta: seguir siendo considerado misterioso e impredecible.

Al igual que el de los anteriores, el rostro aniñado e infantil de Brad Pitt oculta secretas intenciones; la suya es una belleza peligrosa. Si su aspecto angelical y torso perfecto le permitieron iniciar su carrera como modelo, los favores concedidos a Geena Davis en Thelma y Louise en la piel del autoestopista J.D. le catapultaron al éxito.

Al contrario que a sus colegas, a Pitt no le van los libros, pero sí la velocidad y la cerveza. Con El río de la vida dio un giro a su carrera, en Kalifornia se metió en la piel de Early Grace, un asesino sistemático y se dispone a consagrarse de la mano de Entrevista con el vampiro, la película que jamás podrá hacer River Phoenix. Su meta: descolgarse la etiqueta de «guapo de la película».

A sus 24 años, el neoyorquino Christian Slater se enorgullece de haber rodado hasta 15 títulos en los que ha interpretado principalmente personajes duros atrapados en dilemas morales. Olvidados los días de vino y rosas (una estancia de diez días en prisión por conducir borracho le ha marcado un nuevo rumbo) y reconocido como el heredero del talento, las maneras, y la vis de Jack Nicholson, este actor que debutó a los seis meses anunciando pañales, presenta el currículo más impresionante.

Comenzó junto a Peter Coyote, fue Adso al lado de Sean Connery, Coppola le hizo hijo de Tucker, fue un joven asesino con Winona Ryder, erotizó a la audiencia en Pump Up the Volume, se enfrentó al Robin Hood de Kevin Costner, enarcó la ceja de Lucky Luciano y se ha consagrado en Amor a quemarropa como Clarence Worley, un tipo al que se la suda todo excepto el rock, vivir a tope, morir joven y dejar un cadáver guapo.

Hoy en día en Hollywood hay dos clases de actores: los que siguen las rutas marcadas por los que les precedieron y los que caminan por el lado salvaje. Los primeros son el reflejo del sueño americano; los otros, los rebeldes, pugnan por aproximarse a la realidad y hacerla suya.

Keanu Reeves, Johnny Depp, Brad Pitt y Christian Slater pertenecen a este segundo grupo, al de los que, ignorando los principios establecidos y las convenciones, los sesudos planes de carrera y las conveniencias que les aconsejan sus agentes, se permiten salirse de la norma y golpear de plano la moral bien pensante y conformista de la América profunda.

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