12 agosto 2013

La nieta de Cela una chica adorable

Se ha conseguido localizar a Camilo Cela Conde, actual marqués -pese a la yuxtaposición, se trata de un solo título- de Iria Flavia. El único hijo, al menos reconocido, del Nobel prefiere no entrar en valoraciones sobre la sentencia hasta que Marina haya agotado a la Justicia con sus recursos. El próximo y definitivo se dirimirá en el Supremo. Parece un fallo sólido casi indiscutible pero desconfía de los parece en términos jurídicos: «Acuérdese de la sentencia del Constitucional con el estatuto de Cataluña...». 

El marqués Cela Conde es un hombre inteligente y culto. «Con un gran sentido del humor», precisa un conocido. «Tiene un cociente intelectual altísimo y escribe muy bien. Tenían una relación muy independiente y casi se podría decir que competían. Le solía llamar Camilo mozo, que no junior». 

Cuando el mozo apenas aprendía a comer solo, don Camilo se permitía escamotearle las patatas fritas de su plato. Pero ¡ay...! si el niño trataba de hacer lo mismo con su padre. El trueno hubiera sido saturnal. 

Precisamente, en el número de abril de Telva, revista perteneciente al grupo Unidad Editorial, Marina escribió un texto de corte inguinal en el que disertaba sobre la desbordante sexualidad de don Camilo: «Tuvo varios hijos naturales, en su mayoría varones y llamados Camilo José». ¿Acaso pretendía Marina menoscabar así la legitimidad de Cela Conde? Si los espurios hubieran brotado de debajo de las piedras, les habría correspondido parte de la herencia que muy probablemente recibirá Camila. El único vástago del Nobel contesta con sorna cuando se le pregunta por las razones por las que Marina publicó semejante artículo dos meses antes de la cita judicial: «Entre mis objetivos inmediatos nunca ha estado leer nada de esta señora». A duras penas se le consigue arrancar algunas palabras sobre Camila, la hija que tuvo con su segunda mujer Gisèle Marty, también docente en la Universidad de las Islas Baleares. «Mi padre y mi hija no se trataron. Ninguno de los intentos que hicimos para que así fuera cuajaron. Incluso llegaron a mediar mis tíos». 

LOC inquiere sobre la joven. ¿Tiene ambición literaria? ¿Cómo es? «Ahora está centrada en Arte, que es lo que estudia. Luego ya se verá». Sin embargo, se zafa. Prefiere que no circulen fotos de su hija; ni que adquiera notoriedad alguna. «Tal y como está el mundo», dice en relación a la suculenta cantidad que podría recibir mañana mismo. 

Su abogado, Capellà, explica por qué: «Solamente las costas judiciales (150.000 euros) no son ejecutables. Ahora tenemos que estudiar a fondo el patrimonio de las tres entidades y ver sus movimientos en los últimos años para esclarecer con precisión el montante total», declara el abogado. Letra y Tinta, una de las empresas, perdió en el último ejercicio 13.199 euros. Por su parte, Palabras y Papeles no registra actividad económica alguna. ¿Cómo pagará Marina los 3,9 millones que debe abonar a Cela Conde? 

Covadonga Rodríguez, gerente de la Fundación Camilo José Cela, entidad también condenada, ha confirmado a LOC que en 2010, «cuando se produjo la primera sentencia, el organismo ya provisionó un millón de euros para retribuírselos al hijo de don Camilo». Y por ende: a su hija, Camila Cela. 

El abogado recuerda cómo besaba el escritor a su nieta el día de su su bautizo. Después, «nunca hubo forma de acercarse a él. Siempre hubo una barrera que nos impidió acercarnos hasta él». 

Marina debía ser esa barrera. 

Camila tiene algo en común con su tiastra: la discreción. 

Tras la muerte de Cela, Laura se desvaneció de las páginas del cuché. «Al contrario que su madre, siempre le horrorizó la popularidad. Solo quiere dedicarse a lo suyo -casualmente su especialidad es el derecho de Familia y Sucesiones-», dice una amiga. 

Un amigo del escritor recuerda la relación de Laura niña y Cela. «Era afectuosa. La hija de Marina era una chiquilla bastante adorable. Le profesaba a Camilo un cariño sincero». 

Cela también la quería e intentó que Laura heredara el marquesado de Iria Flavia, sin éxito. Su amigo rememora: «Me parece que quiso que se distinguiera entre descendientes y sucesores o algo así». No podía adoptar a la joven pues su padre, José Luis Fernández, con quien Marina se casó en 1975 a los 18 años, estaba vivo. «Aunque Marina trató por todos los medios de quedarse embarazada de Camilo... claro que los milagros», dice cavilando sobre la diferencia de edad entre los cónyuges: 41 años. 

El 30 de junio celebrará una fiesta en la misma casa de Puerta de Hierro donde su madre casose con el Nobel. Una vivienda libre de cargas, valorada en alrededor de cuatro millones de euros, un poco más de lo que debería pagar Marina a Cela Conde

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