04 febrero 2014

Una mujer que juega al póquer y gana

Lo que acontece tiene lugar en un garito indeterminado y a unas horas difusas. Como el amor, el póquer no sabe de horario ni de fecha en el calendario. Tres golpes de aldaba electrónica, contraseña y ya estamos dentro de un tugurio que no es tal. Despojado de miedos, uno toma asiento al tiempo que el dealer (crupier) canta, cual árbitro de boxeo, las instrucciones del Texas hold'em. ¿Qué tendrá esta bendita modalidad de póquer que sólo en España ha enamorado a miríadas de jugadores?

Bajo el tapete verde no se esconden ni escrituras de pisos ni pelucos de oro ni llaves de furgonetas, así que la sangre de las apuestas no llegará al río. De entrada, todos tienen el mismo (y limitado) número de fichas. Embriagador bourbon regará la velada y el humo de los Ducados desplegará cortina de importancia. Como en la inolvidable El golpe, el relato se parcela por entregas, como capítulos que desembocan en un clímax donde el más taimado nadará en fortuna y el resto de pipiolos se largará a casa con cara de panoli.

1. LAS CIEGAS: LA SUERTE NO EXISTE. Siete rivales orillan este esponjoso césped para naipes que es la mesa, anfiteatro de madera y fieltro. La mayoría de los presentes son unos membrillos (o sea blanditos, como yo), gamblers (apostadores la mar de rufianes) o simplemente recién llegados al burle. Algo hace sospechar que todos representan carnaza fácil para el objetivo de nuestra visita: la queen española de la baraja, la desplumadora de incautos, la tahúr más hábil a este lado del Atlántico.

Se llama Leo Margets y con ella nos hemos retado en duelo incruento para desentrañar su vida y apuestas, y para saber cómo se las apañó en la última edición de las Series Mundiales de Las Vegas para quedar la número 27 de 8.000 jugadores que apoquinan 10.000 dólares de vellón per cápita para concurrir al gran evento mundial. La proeza le reportó el título de Last Woman Standing (última mujer del torneo en ser eliminada) y más de 300.000 euros cuando puso al día la cartilla del banco.

2. EL PREFLOP: TANTEO DE LOS RIVALES. Arranca la ronda de apuestas antes de que el crupier destape las tres primeras cartas. Cuidadosamente, levanto las esquinas de mis naipes: rey de diamantes y 10 de corazones. Con esto, descalabro casi seguro si me aboco al suicidio de plantar cara a Leo, que oculta su jugada bajo un semblante hierático: ora podría llevar dos ases, ora podría tener dos cromos de los Power Rangers. Porque esta muchacha ya es la cara más célebre del póquer patrio (batallones de fans en Internet la idolatran como divinidad).

Entró en la casa que la patrocina, 888.com (con sede en Tel Aviv, Londres y Gibraltar) como marketing manager y consultora, y ha acabado como exitosa imagen de marca. Los dueños de la empresa se percataron de que su desparpajo, su candidez y su simpatiquísima belleza supondrían el mejor reclamo para un juego que se ha quitado, al fin, el capirote de bancarrotas y ruinas familiares.

Claro que también tiene Leo batallitas de esas que abrillantan, por emocionantes y canallas, una biografía aún breve. Hace dos años, la barcelonesa y 15 compinches (con perdón) se hallaban peinando los naipes en un club de ajedrez de Barcelona. Cincuenta euros por barba se jugaban, cuando, de pronto, unos encapuchados reventaron la partida. No eran atracadores, sino mossos de esquadra que detuvieron a esta banda amateur que ignoraba que en Cataluña, si no es en un casino, no se puede darle al póquer aunque te juegues gominolas o lo recaudado sea para un colegio de huérfanos. Lo espectacular de la escena hizo pensar que aquello era una broma de cámara oculta. Pero no. "Nos tuvieron cuatro horas retenidos. A los famosos, que los había, les dejaron irse rápido. Al día siguiente me hacían mucha gracia las noticias que decían: 'Desarticulado un casino ilegal en el centro de Barcelona: más de 300 detenidos'. ¡En tres mesas! Resulta que éramos los criminales más buscados cuando lo único que hacíamos era practicar nuestro juego favorito. Éramos una cantera de nuevos valores", recuerda Leo, entre divertida y estupefacta aún.

3. EL FLOP: LA MARATONIANA NI SE INMUTA. La partida discurre por los cauces normales, charlas y chistes. El crupier se entretiene antes de que trascienda el flop: las tres cartas vistas con las que hacer combinaciones y tratar de disimular lo que se lleva realmente. Leo se maneja impertérrita. Mira con astucia a los rivales y no duda sobre la cantidad de fichas a apostar en cada ocasión, como si su mente ya hubiera calculado las posibilidades de ganar y las cartas del resto fueran transparentes.

"No tengo patrones. Mi estilo de juego es tight agressive [amarrado y audaz a la vez], pero he ido evolucionando", desliza a dentelladas con un chicle. Viste su parafernalia habitual: pequeñas gafas Ray Ban y pañuelo al cuello por aquello de los latidos delatores de la vena carótida (la frecuencia cardiaca se dispara cuando hay jugada o no se lleva absolutamente nada). Y se la ve en forma. De hecho, esta pizpireta catalana devora maratones y sale a correr a diario aunque en el estado de Nevada el termómetro se clave en los 50 grados. "El año pasado casi me da un soponcio. Veía que me recogían los de CSI", detalla con sorna.

¿Peli de cabecera? Rounders, clásico del género, "porque es la que mejor representa los valores del juego, la más fidedigna". Entre sus ídolos, Annete Obrestad, la noruega que con 19 añitos se llevó el título mundial. Mientras desenvuelve sus recuerdos y querencias, en el centro de la mesa ya se apila un rascacielos de fichas. "Con malas cartas se puede llegar lejos", deja caer como premonición o perdición.

Aguardo a que con mi rey de diamantes y mi 10 de corazones salte una parejita, un proyecto de escalera o quizás el color... El crupier hace su trabajo: descubre un 2 de corazones, y un 5 y una dama de tréboles. A ver cómo gestionamos embroque tan desigual...

4. EL TURN: LA TENSIÓN AUMENTA. Entre cavilaciones, jura Leo que es el suyo un gremio relativamente limpio: nada de alcohol, que descentra y aturde; y desterradas las drogas por desestabilizadoras del ánimo. "Además, si abusas de cualquier cosa y no te mantienes frío sale la vena latina, la corazonada y el pálpito pasional del que no sabe jugar, y suelta el '¡por mis cojones! que te lleva a la derrota'", argumenta.

Por otro lado, la mayoría de esta joven generación de universitarios ha tenido que explicar a sus padres, con mimo de cirujano, que (glups) se iban a ganar las lentejas con esto del póquer. Algunos incluso llevan a sus progenitores a los torneos para que vean que no van a un saloon del lejano Oeste donde, al final, si uno no puede pagar la pella, le descerrajan el tambor de un revólver. Todo muy legal, muy cerebral, muy calculado.

5. EL RIVER: ALL IN Y ADIÓS MUY BUENAS. Abocados a un clímax inevitable, le sugiero a Leo que dicte su fantástica mesa de póquer: "Estarían Sabina, Dartacan, Cleopatra, Napoleón, mi amiga May Maceiras, Bob Marley por aquello del humo en la partida, Jack Bauer el de la serie 24 y Ferrán Adrià. Ah, y de crupier Juan Tamariz. Me parto con él", enumera mientras da pequeñas caladas a puritos sacados de una pitillera. "Creo que Aznar farolearía mejor que Zapatero, pero se le cazaría fácil", agrega.

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