24 marzo 2014

Crupieres y Lladres

Los románticos mitificaron los bandidos de Sierra Morena, pero no los de los Pirineos; y los hubo grandes. 

Un personaje de Lope aterrorizado por las quadrilles de lladres exclama: «Llegamos a Igualada con la hostia en la boca». Cervantes narra cómo en la fresca mañana Don Quijote y Sancho siguieron el camino sin tocar en Zaragoza y descubrieron pies y piernas de forajidos que estaban ahorcados en los árboles. «Por donde me doy a entender que debo de estar cerca de Barcelona», dijo el caballero. Los bandidos catalanes le guindaron las alforjas a Sancho, pero el jefe de la partida, Roque Guinart, «cuya fama no hay límites en la tierra que la encierren», fue el padrino de Don Quijote en el descubrimiento de Barcelona y del mar, hasta entonces de ellos no visto, «espaciosísimo y largo más que las Lagunas de Ruidera».

Para hacer justicia, para proteger como en Sicilia los derechos ancestrales contra los abusos del Rey, aquellos robadores de caminos forman parte de la Historia. Dice Vicens Vives que el bandolerismo es un estado de espíritu de Cataluña.

No tiene nada que ver esa orgía de maletines sin recibo, carpetazos del Tribunal Superior de Cataluña, con aquellos generosos bandidos a los que Sancho dedica la sabia reflexión: «Es tan buena la justicia que es necesaria que se use aún entre los memos ladrones».

Cuando se levante la alfombra, veremos cocodrilos de todos los colores. Pero hoy sólo el escándalo casinos da a Cataluña un aire de película de Coppola, de nacionalismo blackjack. Vittorio de Sica dijo en su testamento que cuando muriera pusieran el siguiente letrero en San Remo: «Este casino lo hizo De Sica con el dinero que perdió durante 30 años». Pujol edificó el casino de Cataluña con un nacionalismo de «jocs i apostes», política de paño verde. Sant Jaume ha sido una máquina tragaperras donde una cleptocracia patriótica ha buscado la vía catalana hacia el autogobierno.

Unos meses antes de que Castro entrara en La Habana y rompieran las ruletas, se habían reunido en Monto Apalche, convocados por Vito Genovese, las 27 familias de la mafia. Tenían proyecto de hacer casinos y hoteles en una franja de 120 kilómetros, en la colina entre La Habana y un puerto de recreo. La caída de Batista impidió el proyecto, pero no la relación entre el castrismo y Lucky Luciano, Anastasia y la familia Gambino. Por lo menos eso cuenta Arthur M. Schlenssinger; según el asesor de los Kennedy, las conexiones de Castro con los mafiosos le han permitido sobrevivir a los atentados de la CIA.

Ahora dirigentes del PSOE dicen que Maragall no rige, que le falta un tornillo. «No sabemos si lo que ha ocurrido es bueno para el Gobierno, pero es bueno para España», comenta uno de esos dirigentes. Al contrario que en el caso de Fidel, ningún capo va a proteger a los acorralados Pujol y Maragall, compatriotas de Roque Guinart.

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