17 marzo 2014

Le Park una isla privada del Pacífico para el juego

Se trata de la quintaesencia de todos los parques temáticos y de atracciones. La sumatoria de todos los posibles llevada al paroxismo. En una gran isla privada del Pacífico se alza Le ParK: un gran campo de concentración y un zoo sin barrotes; una fábrica atroz de entretenimiento y una prisión, un lujoso cabaret casino y una leprosería, un campo de refugiados y un suburbio violento de una megalópolis tecnológica, un complejo turístico de diseño y un teatro universal de la crueldad… Las combinaciones son infinitas, a gusto del cliente. 

Apenas cien escogidos al día, que pagan una fortuna por una semana en el infierno, observados desde las alturas de una torre de marfil por el supremo arquitecto con nombre alemán, Licht, creador del caos razonado.

De eso va el perturbado y perturbador libro homónimo, Le ParK (Editorial Siberia), que sólo por convención cabría llamar novela, del filósofo galo Bruce Bégout. Invitado por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona dentro del ciclo Ciudad abierta, el pensador francés especialista en la fenomenología de Husserl –aplicada sobre todo a las patologías de la modernidad– dictó el pasado lunes una conferencia sobre Las afueras, en la línea de sus últimas investigaciones sobre las periferias urbanas con trabajos como Suburbia. "La dinámica de los fenómenos sociales y políticos más interesantes desde la II Guerra Mundial hasta el presente se ha dado en las periferias del espacio urbano como ese lugar excitante de la indeterminación", explica.

Pero también Bégout aprovecha su visita a la ciudad para presentar esa bizarra e incómoda ficción, que ya lleva cuatro ediciones en Francia desde su publicación en 2010, e incluso un realizador galo ya trabaja en su adaptación a la gran pantalla. "Es un libro extraño, inconformista; no quería hacer una novela tradicional. Me preocupa que haya tantos lectores raros", dice el autor. Porque al igual que Kalt, el gélido y turbio magante ruso del tráfico de armas que ha creado ese parque temático del horror en el Pacífico "se dirige a una clientela escogida", el autor también apunta a una minoría "con un alto nivel de exigencia intelectual".

Le ParK tiene tanto de ficción futurista, aunque anclada en un presente hipotético, como de teoría filosófica. "Es un híbrido con motivos de reflexión sobre la industria del entretenimiento, el consumo y los medios contemporáneos", explica. Y más que una distopía monstruosa, Bégout prefiere presentar su novela como un implacable diagnóstico de un estado de cosas. "Tomo elementos del mundo contemporáneo que sí existe y los exagero y recombino en una atmosfera de ficción", aclara.

Pero una vez publicado el libro, fueron los propios lectores los que le llevaron a comprobar que se había quedado corto. "La realidad era más violenta y abyecta que mi imaginación provocadora", reconoce, al enumerar un campo de concentración en Lituania devenido parque temático, otro monográfico sobre la tortura (con atracciones interactivas) al norte de Pekín y un tercero en Suiza sobre la minusvalía que convierte a sus visitantes en inválidos.

"Modifico los parámetros actuales", dice el autor que prefiere considerar su novela como "una ficción de anticipación filosófica" y se reconoce deudor de dos obras que lo inspiraron: La exhibición de atrocidades de Ballard y Locus Solus de Raymond Roussel. Entre otras cosas, porque "la realidad que corre por debajo es más obscena y malsana que mis propios delirios", advierte.

La arquitectura, como una disciplina monstruosa y omnívora, ocupa el centro del libro en una nefasta cirugía social en la gestión de los cuerpos, los bienes y la violencia. Y Bégout que se define provocadoramente como "un misántropo altruista", invita a leer ese motivo "en toda su literalidad, desde el colmo de la interpretación". "Cuando el espacio terrestre es cada vez más limitado, la arquitectura, que puede recombinar todas las artes y saberes, se impone como el arte de organización de ese espacio", dice.

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