07 abril 2014

Casinos y lujo a bordo del Queen Elizabeth 2

Cada vez que el Queen Elizabeth 2 se ha acercado hasta la costa vizcaína, cientos de personas se han arremolinado en paseos, muelles y playas para admirar, desde la lejanía, su maravillosa figura exterior. Siempre con un suspiro en los labios: quién pudiera, aunque sólo fuera eso, conocerlo por dentro. Esa fue la oportunidad que ayer tuvieron las ocho personas ganadoras del concurso, quienes, de la mano de la compañía propietaria del emblemático barco, Cunard, pudieron disfrutar de una visita guiada por sus instalaciones.

La entrada al trasatlántico ya desató muestras de asombro entre los afortunados. «Es precioso», comentaba Rosa, una de las agraciadas en el concurso. Y eso que sólo se trataba de un anticipo de lo que les aguardaba en las entrañas del transatlántico.

Un fastuoso salón circular hacía el papel de recepción. Grandes pinturas y vitrinas rodeaban la sala recordando su historia.Los invitados se agrupaban escuchando las explicaciones iniciales de las guías, antes del verdadero inicio de la visita. Unos minutos después, todos echaban a andar por los pasillos forrados de madera. El lujo comenzaba a rezumar por todas partes.

Así, no era difícil adivinar una jornada a bordo del buque. Por la mañana los pasajeros pueden despejar la mente en la piscina de cubierta. Tras el baño, el restaurante Lido acoge a los bañistas.En chanclas los clientes disfrutan de un bufé libre y abierto durante todo el día. «Las mesas más próximas a los ventanales deben estar ocupadas siempre», señalaba la propia Rosa. Pero si no hay sitio para disfrutar de las vistas aún quedan seis restaurantes para probar suerte. Sin embargo, el Queen Elizabeth 2 tiene un prestigio, y vestir con chaqueta es imprescindible para acudir al resto de comedores.

Los más selectos pueden disfrutar de champán y caviar en el Princess Grill. «¿Y si estás a dieta?», preguntaba Fernando, otro de los visitantes especiales. Un menú especial para gente sana o con ganas de serlo es el plato estrella del restaurante Caronia.

La sobremesa se puede disfrutar en los pasillos. Cómodos sillones esperan las posaderas de los más reposados. Frente a ellos se extienden mesas con juegos de ajedrez o puzzles. O rincones donde leer uno de los más de 6.000 libros de la biblioteca. «El barco es inglés así que no habrá literatura en castellano», señalaba Rosa. Pero esto no es problema. La tarde se puede continuar en la cubierta superior tomando el sol en las acolchadas hamacas.Aunque a las cinco los más tradicionales prefieren tomar el té con pastas recién hechas.

Cuando la noche se acerca los más presumidos centran su atención en engalanarse. El mini centro comercial es un buen lugar para resolver dudas. Una tienda de los conocidísimos almacenes Harrod's y otras ofrecen joyas, ropa o perfumes... Claro que también se puede invertir en obras de arte. Todo el barco es una gran sala de exposiciones. Mediante subasta los pasajeros pueden adquirir cuadros que luego la compañía se encarga de enviárselos directamente a sus domicilios.

Ante todo, «éste es un lugar ideal para descansar», opinaba Carmen, una premiada más. Pero el resto de instalaciones quita el sueño a cualquiera. Las noches giran al son de la música en directo de las orquestas, los pianistas, repartidos por todos sus bares, o la actuación especial de una solista. Pero el salón Queen Room es especial. Su enorme pista hace las delicias de las señoras de cierta edad. No importa si viajan solas. La compañía piensa en todo. Un grupo de gentlemen las saca a bailar y ameniza sus veladas.

Pero hasta que amanezca hay tiempo y el azar puede llevarte al casino con sus mesas de blackjack y tragaperras. O guiarte hasta el Golden Lion Pub, donde corre la cerveza y se pueden ver todo tipo de eventos deportivos vía satélite.

El Queen Elizabeth 2 ofrece una gran variedad de actividades para todas los gustos y edades. Ésta es la clave de su éxito.Y así lo pudieron comprobar el pequeño y privilegiado grupo que conoció ayer sus entrañas. «Muy limpio», apuntaba Rosa Mari.«Un poco antiguo», se quejaba Alberto. Distintas opiniones sobre una visita que los dejó encantados. Y no sólo por el champán del final.

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