28 agosto 2014

Chaves en el lejano oeste

Me parece que Chaves está bien pensado para Andalucía. Este Guerra estará deseando retirarse a jugar con los niños, pero de momento está jugando muy bien con los adultos. 

Al principio ya se recuerdan ustedes que hubo mucha movida con el sacrificio impuesto a José Rodríguez de la Borbolla y con el cruento desgajamiento de Chaves, que quizá ha supuesto una mutilación .del Ministerio de Trabajo. No se entendía que un hombre que lo ha hecho bien en tan difícil Ministerio (Guerra ha basado en aquella gestión su presentación del personaje en Andalucía) fuese desgajado en su mejor momento. No sé lo que pasará con Trabajo, pero Chaves, sindicalista duro, se va perfilando como el hombre que puede mantener sujeto ese inmenso mapa obrero («las extensiones de los pobres», escribió Oroza) que es Andalucía. 

Rodríguez de la Borbolla nos queda ahora como un poco demasiado localista y hasta folklórico, como un buen político para el Casino de Sevilla. Claro que Chaves, en caso de que gane, lo va a tener crudo con «los señoritos de fusta y espuela», de que ha hablado el propio Guerra. Es más fácil trapichear con los empresarios de Madrid y el señor Cuevas que con ese mundo ecuestre y cerrado que es la feudoligarquía 'andaluza. 

Guerra ha mandado a Chaves al Lejano Oeste, como en los westerns aparece el forastero con leyenda de duro, enviado como último recurso para regenerar el poblado. Entre Borbolla/compadreo y Chaves/eficacia, el señor Guerra no ha dudado en dar el relevo al viejo caballerango. 

Aunque Aznar está haciendo una voluntariosa campaña, con más aciertos que errores, es probable que el PSOE acabe imponiendo a Chaves por la magia de Guerra y por la propia fuerza del personaje, a quien sólo le falla el físico, pero nunca ese discurso hecho con cosas, más que con frases (el pequeño gran secreto del oriental Fujimori frente al intelectualismo degradado de Vargas Llosa). Veo a Chaves ganador y veo a Chaves perdedor, a la larga, porque Andalucía tiene mal arreglo. Los latifundistas ecuestres de Andalucía, ya digo, no son los empresarios madrileños y cosmopolitas. 

En cuanto a la otra parte, el proletariado industrial de las grandes ciudades, sindicado o no, pero siempre concienciado y, mayormente, enterado de lo suyo y sus derechos, supone un bloque duro y dialogante, siempre dialogante. El obrero del campo es tópicamente más conservador, como sabemos, aunque ni él mismo sabe lo que conserva: quizá su miedo, del que come. El interlocutor agrario, en fin, no es, en primera instancia, un interlocutor válido, porque en su ignorancia/sabiduría de siglos ha comprendido que los ministros pasan y el señorito queda. 

El, el bracero andaluz, el olivarero, todo el peonaje, están persuadidos de que ellos y sus familias se deben al patriarcalismo secular de una gran familia, y no al ministro que llega de Madrid pronunciando todas las consonantes. Así, las negociaciones de Chaves con el mundo andaluz del trabajo pueden erosionarle en poco tiempo, como a cualquiera. Andalucía (y lamento decir esto) todavía es la tierra donde se le ahorca el perro al vecino. No es por nada, pero me parece que la gestión de Chaves en Andalucía (si llega a haber gestión) no va a ser tan brillante como la que ha tenido en Madrid. 

En cualquier caso, el PSOE necesita. controlar Andalucía, su Andalucía. Se cuenta que están recurriendo al caciquismo sumergido que consiste en dar trabajo por votos, implícitamente. La victoria de Chaves, pues, sería una victoria manchada. En cualquier caso, puede ser apasionante el duelo al sol entre el sindicalista madrileño y los señoritos de fusta y espuela. Y, por otra parte, tampoco le veo yo a Chaves con espuelas.

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