05 septiembre 2014

Mekong, el dragón de las nueve cabezas

El gigantesco delta del Mekong es conocido como el Dragón de nueve cabezas por los nueve grandes ramales de agua que se abren al Mar de la China Meridional. Aguas que son la bendición no sólo del sur del país sino de toda la nación, pues propician las gigantescas cosechas del preciado oro blanco, el arroz, que alimenta a todos los vietnamitas, a toda Indochina. El valioso cereal ha sido el motor que ha empujado al país a su recuperación después de tantos años de guerras y penurias. El delta es, en una poética comparación, como el cesto de arroz que guarda la campesina en el rincón más protegido de su hogar para alimentar a sus hijos.

Multitud de canales de aguas densas, arropados por una pared vegetal que hunde sus raíces en el cieno, forman islas casi siempre habitadas por pescadores y campesinos cuya actividad diaria desemboca en los populares mercados flotantes, sobre todo en la región de Vinh Long: el de Cai Be, el de Phong Dien, el Cai Rang o el Phunh Hiep.

Es a primera hora de la mañana cuando las barcas cargadas de frutas, verduras, pescados, cereales y otros productos comienzan a llegar a las zonas donde se han formado los mercados: canales o confluencias de brazos de agua propicios por ser lugar de paso o por ser puntos céntricos entre asentamientos importantes de población. Pértigas de bambú larguísimas se elevan verticales con una muestra del producto ofrecido, como reclamo para los compradores, el equivalente al neón de Ho Chi Minh, la antigua Saigón, pero al estilo tradicional y humilde de los campesinos del delta.

Por tierra, las bicicletas resultan un método perfecto en la plana superficie que abarca el delta. Islitas donde dejar pasar el tiempo y saborear deliciosos platos elaborados a base de arroz como las sabrosas tortillas o banh xeo, o las gachas conocidas como chao. Unos niños que chapotean en las orillas de la isla del Unicornio, una barcaza que devuelve a las amas de casa a las aldeas de Isla Tortuga o unos pescadores que reparan sus redes en el embarcadero de la isla Phou Nic, no muy lejos de la concurrida ciudad de My Thon.

Más al norte, Chau Doc, la ciudad fronteriza con Camboya, resulta más animada. La ciudad ofrece varias alternativas al verde y marrón que dominan el sur. El mercado es un lugar animado durante toda la jornada, en especial la zona del malecón y sobre todo por la tarde y la noche. Los embarcaderos llevan un trajín continuo con pasajeros que cruzan de una orilla a la otra y la cuadrada plaza central alberga una pagoda muy frecuentada al anochecer, donde los budistas entran a orar incluso montados en sus bicicletas y motos. En las afueras de la villa, en pleno río, se alza un barrio de casas construidas sobre pilares y habitadas por camboyanos que en 1978 huyeron de la persecución de los jemeres rojos de Pol Pot. Al otro lado del río se alza la aldea de Chau Giang, de mayoría musulmana perteneciente a la etnia Cham.

El Monte Sam se halla a unos seis kilómetros al sudoeste de Chau Doc y en su base se levanta un templo con una curiosa historia: la de la Señora Xu.

La leyenda explica que la misteriosa señora Xu estaba representada en forma de estatua en la cumbre del Monte Sam desde tiempos antiquísimos. Cuando los siameses invadieron el territorio a principios del XIX, quedaron prendados con su porte y decidieron trasladarla a Tailandia. Durante el transporte la estatua se fue haciendo más y más pesada hasta que fue imposible moverla y optaron por abandonarla en un margen del camino. Pasó el tiempo y unos campesinos encontraron la efigie pero, al intentar moverla, descubrieron que era imposible debido a su peso. Entonces apareció una joven que anunció ser el espíritu de la propia Xu y que indicó que sólo 40 vírgenes podrían mover su representación. Así fue. Las vírgenes desplazaron la estatua hasta un punto en el que ésta volvió a ser tan pesada que, de nuevo, tuvieron que desistir en su empeño. Así fue como se alzó, alrededor del ídolo, el templo que hoy se puede visitar. Un lugar frecuentado por peregrinos con unas curiosas ofrendas: cerdos enteros asados y botellas de soja.

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