07 septiembre 2014

Todos tenemos dentro un niño que ama la aventura

Tan difícil como encontrarle una novia a Tintín es dar con una mala respuesta de Steven Spielberg. Zapatillas, gorra de béisbol y una amabilidad de línea clara. A sus 65 años, después de tres alejado de la dirección, el cineasta que inventó el blockbuster vuelve con un tan esperado como extraño proyecto: la primera película de la historia a medio camino entre la animación y lo que no lo es. Motion capture se llama. Y ello, para dar vida al personaje creado por Hergé en 1929 para fustigar al comunismo. Ahora, las industrias del reportero sin periódico, traducidas a más de 70 idiomas, son algo más que un cómic y Spielberg mucho más que simplemente un director. El 28 de octubre, los cines serán testigos del fenómeno: Tintín y Spielberg juntos en Las aventuras de Tintín. El secreto del Unicornio.

Pregunta.- ¿Dónde ha estado los últimos tres años?

Respuesta.- Teniendo en cuenta que cada frame [fotograma] de Tintín lleva una media de cinco horas de trabajo, cada segundo tiene 24 frames y la película dura cerca de hora y media... Se puede calcular dónde he estado metido estos tres últimos años de mi vida [se ríe]. De por medio, en cualquier caso, he conseguido hacer Warhorse, otra película... Pero, le puedo decir que ¡he vuelto! Haré Robocopolis para 2012, y ahora empiezo a rodar Lincoln con Daniel Day-Lewis... Me temo que tendrán tiempo para cansarse de mí.

P.- ¿Ha sufrido, de repente, un ataque de hiperactividad?

R.- Soy hiperactivo desde niño. Me he pasado toda la vida haciendo varias cosas a la vez. Para mí dirigir y producir son dos partes indistinguibles de mi oficio de cineasta. Por supuesto, dirigir es mucho más gratificante y muchísimo más difícil. Pero me encanta tener la posibilidad de elegir gente con talento y darles la oportunidad de desarrollarlo. Es una forma de inspirarme. Ésa es la razón por la que fundé Dreamworks.

P.- ¿Cómo se las apaña para que su cerebro diferencie entre lo que es arte y lo que es negocio?

R.- Me hago una pregunta parecida cada día: ¿Cómo puedo ser un buen padre de siete hijos y, a la vez, tener una carrera? El desafío real no es cómo conseguir dirigir y producir películas; cómo hacer películas artísticas o de entretenimiento... Todo eso no es nada; no es más que una broma comparado con el hecho de ser padre [se ríe]. Ése es el más duro de los trabajos. Sobre todo, cuando los críos empiezan a crecer.

P.- Peter Jackson [coproductor de la película] habla del privilegio que supone recuperar 40 años después un mundo descubierto en la infancia. En su caso no es así, ya que admite haber descubierto a Tintín cuando era adulto.

R.- Sí, pero los libros, de alguna manera, te llevan a un universo que conecta perfectamente con la memoria que cualquiera de nosotros guarda de la infancia. Por lo demás, todo el mundo, por muy adulto que sea, conserva dentro a un chaval que ama la aventura y la sorpresa. Al fin y al cabo, Hergé fue influido y habla el mismo idioma que Charles Chaplin o Buster Keaton.

P.- ¿Y de Jacques Tati quizá?

R.- Sin duda, y la influencia es innegable. El gran genio del cine francés de los 50 fue capaz de llevar la sensibilidad del cine mudo al sonoro. Su mérito fue recuperar la capacidad para contar una historia sin usar el diálogo en plena era del cine hablado. De alguna manera, Tati es un anacronismo para su tiempo.

P.- Como, quizá, en su momento fue un anacronismo su película más cercana al espíritu de Tintín, En busca del arca perdida.

R.- Es evidente que hay muchas similitudes entre Tintín e Indiana Jones. Los dos son investigadores que van de un lado a otro del mundo. Cuando empecé con George Lucas a trabajar en Indiana Jones, recuerdo que al principio todos se negaban a darme el dinero porque lo consideraban, como a Tati, un anacronismo. ¿Quién se puede interesar en el año 80 por un tipo que va buscando un tesoro con un látigo y un sombrero, y que teme a las serpientes? ¿Quién puede mostrar el más mínimo interés por un tipo que busca el Arca perdida? Es más, ¿qué narices es eso del Arca? Todos nos dijeron que no, hasta que George dijo sí y buscamos los 20 millones de dólares que hacían falta. Probablemente todo el mundo tenía razón y a nadie le importaba un bledo una historia así, pero lo importante es que a George y a mí sí nos importaba. Y el público nos demostró que teníamos razón.

P.- Me he perdido.

R.- Bueno, los libros de Tintín no son populares en Estados Unidos como lo son en el resto del mundo. Alguien podría decir en mi país, ¿a quién le importa Tintín?

P.- La disgresión había empezado por Tati...

R.- Sí, sobre los anacronismos [se ríe]. Lo que quería decir cuando he empezado a hablar de Tati es que, como en su cine, todas las historias de Tintín están basadas en la posición del cuerpo de los personajes; en su actitud. Todo Tintín funciona como una película muda. De ahí el paralelismo entre uno y otro.

P.- El proyecto poco tiene que ver con nada que haya hecho con anterioridad. ¿Siente aún, a pesar de todo su currículo, el miedo a fracasar?

R.- Lo que más miedo me da como cineasta es hacer una y otra vez lo mismo; confiarme y creer que basta el nombre de Spielberg para repetir una fórmula de éxito. Me aterroriza pensar en quedarme parado, en no progresar. Todo se reduce a conservar las ganas de contar historias. Las nuevas tecnologías no dejan de ser herramientas para lo único que importa: la historia. Lo relevante es el mensaje, no el medio. La tecnología, por sofisticada que sea, no hace la película.

P.- ¿Necesitó hacer correcciones políticamente correctas? Las acusaciones de racista a Hergé por Tintín en el Congo están ahí.

R.- Nunca intentamos adaptar, modernizar, corregir o traducir a nuestro tiempo a Tintín. Sus historias son tan dinámicas como universalmente aceptadas. Hubiera sido una temeridad cambiarlas. Nos limitamos a respetarlas.

P.- ¿Por qué es tan importante el respeto al original?

R.- El respeto es quizá lo único importante en el mundo [se ríe]. El primer devoto de todo lo que tenía que ver con Tintín era el propio Hergé. Él fue meticuloso al máximo en cada paisaje, localización, en la recreación de las diferentes culturas... Eso ha hecho que haya seguidores de Tintín en todo el mundo. Ser respetuoso con el trabajo de Hergé es una forma de respetar a sus millones de lectores.

P.- Hergé siguió trabajando en la Bélgica ocupada por los nazis. ¿Ha sido este hecho materia de reflexión en algún momento en el desarrollo de la película?

R.- Tintín ya era popular 12 años antes de que Bélgica fuera ocupada por el ejército alemán. Luego trabajó bajo la ocupación nazi para entretener a la gente. ¿Es esto un crimen? Por lo demás, no creo que los personajes que salen en sus historias del Congo o la imagen que proyecta de los judíos tenga nada que ver con la opinión personal de Hergé. Él se limita a reflejar en cierto modo los estereotipos universales que de forma muy naïf se manejaban en su época, no son sus opiniones.

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