12 octubre 2014

El matrimonio gay da un paso en EEUU

El Tribunal Supremo de Estados Unidos dio ayer un nuevo paso para extender el matrimonio entre personas del mismo sexo en ese país. Y lo hizo sin tomar ninguna decisión. Justo al contrario. 

Lo único que hizo fue rechazar a trámite el recurso de cinco estados contra las uniones del mismo sexo. Uno de esos territorios, Utah, se puso a emitir certificados matrimoniales 10 minutos después del dictamen.

Con esta decisión, 24 de los 50 estados que forman EEUU –más el Distrito de Columbia, formado por la capital del país, Washington– ya aceptan las uniones matrimoniales entre personas del mismo sexo. El rechazo del Supremo también abre la puerta a que otros seis estados legalicen este tipo de uniones en las próximas semanas. 

En total, 51 millones de estadounidenses podrían pasar a vivir en territorios en los que las uniones homosexuales son legales tras el dictamen del Supremo.

La decisión, como escribió ayer el columnista de The Washington Post Chris Cillizza, "es otra muestra de evidencia de que la lucha por el matrimonio gay se ha terminado en este país". Pero también trae "malas noticias para las parejas homosexuales en estados como Texas, Mississippi y Tennessee", en palabras de Sahil Kapur, de la web de izquierdas Talking Points Memo.

La razón es que el Supremo de EEUU nunca ha ilegalizado las uniones entre homosexuales. Lo que ha dicho es que el Estado federal –más o menos, el equivalente de la Administración central española– no puede prohibirlo. Pero los estados, sí. 

Ésa es la principal clave de la cuestión. Los territorios cuyos recursos fueron tumbados ayer, a su vez, recurrían al Supremo en última instancia, porque los jueces de esos territorios habían declarado que tenían que permitir a los homosexuales casarse. 

Ahí es donde se acerca la próxima batalla judicial: en los estados que forman parte del llamado cinturón de la Biblia –Mississippi, Louisiana y Texas– y en Tennessee, Kentucky, Ohio y Michigan. 

Esos territorios están bajo la jurisdicción de los conservadores Quinto y Sexto Circuito de Apelaciones. Y es probable que al menos uno de ellos declare en los próximos meses que los estados bajo su jurisdicción tienen potestad para prohibir el matrimonio homosexual.

Entonces, la disputa volvería al Supremo, cuya doctrina, expresada en 2013, es que los estados son los únicos competentes en esa materia. O sea, que la última palabra la tienen los Tribunales de Apelaciones que, hasta la fecha, han fallado en la dirección favorable a estas uniones. Pero aún quedan el Quinto y el Sexto Circuito, que podrían hacerlo en sentido opuesto sin violar la letra de la sentencia del Supremo.


Con su terminante rechazo de ayer, el Supremo ha dado la impresión de que el espíritu de su doctrina coincide con la letra, y que el matrimonio gay debe ser aprobado en todo el país. 

Si ése no es el caso, EEUU podría quedar partido, con alrededor de media docena de estados –entre ellos el segundo más poblado, Texas– no reconocieran unas uniones vigentes en el resto del país y cuya legalización cuenta con el respaldo del 54% de la población, según la empresa de encuestas Gallup.

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