20 enero 2015

El alma de la duquesa de Alba

Este espectáculo Cayetana, su pasión con el que se estrena la Compañía de Celia Gómez y que pretende mostrarnos el alma de la Duquesa de Alba, posee una incipiente, mínima, dramaturgia, lo que hace que el retrato quede emborronado y muy lejos, lejísimos, del magistral cuadro, cuya copia se muestra a lo largo de la función, de la Duquesa de Alba, pintado por Goya.

Goya y su genial mirada sí consigue mostrarnos el alma de la duquesa, de la señora de Alba, pero aquí, lo único que vemos son algunos rasgos exteriores, para nada o muy pobremente matizados, como el acto sexto donde se habla de la pasión de la Casa de Alba por la pintura, o confusos como el acto intermedio sobre la Semana Santa.

No, en este espectáculo no hay Duquesa de Alba, pero sí hay una pasión ardiente, poderosa, de Celia Gómez por el flamenco. Desde la soleá por bulerías del acto primero hasta las magistrales seguiriyas del acto séptimo, en todos los solos de Celia Gómez, ésta pone al descubierto sus raíces: el flamenco puro, auténtico, que eleva a la categoría de arte porque lo lleva en sus entrañas, en su corazón y forma parte de su sangre.

Altiva, poderosa, apasionada, con su zapateado sublime y rabioso, sus brazos en alto, el juego de sus muñecas, el cuerpo flexible, y el aire con el que mueve el vestido de cola, Celia Gómez estiliza prodigiosamente, al mismo nivel que Sara Baras, con quién ha trabajado durante años, unas seguiriyas que emocionaron profundamente al público, quién aplaudió calurosamente, con autenticidad.

Digo esto último porque el clamor que se escuchó en el acto quinto, el que recrea el mundo taurino (bien interpretado por los bailarines que dan vida a Antonio Ordoñez, Pepe Luis Vázquez y Curro Romero) se debió sobre todo a que el público que llenó el Auditorio del Centro Cultural 'Miguel Delibes' estaba a favor de la Fiesta en esta polémica política suscitada por el no político de Cataluña a la Fiesta de los Toros.

Hay que destacar los tangos de los cinco bailarines que interpretan la escena ecuestre del acto tercero, y las alegrías en las que participa toda la compañía, bailarines y músicos. El espectáculo es un poderoso, un gran grito flamenco que emocionó.

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