03 febrero 2015

Patricia Conde y su falta de solidaridad

La campaña electoral no permite bromas con las causas humanitarias, asunto importante para los gobiernos donde los haya. Es importante besar a recién nacidos. A toda costa.

En estas calendas, donde algunos personajes siniestros, tan sólo con pisar la calle, desprenden malas vibraciones, engrudo y caspa, incluso negándose a pegar carteles por los muros de las grandes urbes, ¿en qué consiste «lo solidario»? No se sabe. Y nadie contesta a tan compleja cuestión, salvo tonterías y balbuceos.

Para resolver este enigma escatológico, contamos con un comunicador que parece dispuesto a escalar el Himalaya él solito y a pelo, pero en voz baja, a poco que le animen, con tal de traernos la buena nueva: es Juan Ramón Lucas. Gracias a su fluidez verbal, ser verde o pulular por esos ámbitos de la marginalidad consentida no es tan costroso (hacia los vecinos) que pueda producirte vergüenza ajena; ni resulta tan caro (hacia el bolsillo) como parece. ¡Hágase voluntario, por favor! Cuando menos, te evita jugar al golf y hallarte en el campo en un verdadero torbellino de «aficionados de toda la vida» para eliminar el estrés de las stock options, o así. Ya se sabe que el golf se mama desde la cuna. Igualito que jugar con una pelota hecha con tiras de trapo, con la sombra de una posguerra encima.

Ser solidario es fácil... Este es el mensaje y el masaje.

Lo reitera Lucas, blindado de convicción o de informaciones privilegiadas, en el contexto de una campaña que Tele 5 emprendió para festejar el final del milenio. Doce causas. Apoyan su mensaje redentor personalidades con gran desparpajo, como Jaime Garralda (una sospecha que es cura y no tiene nada que perder...), como Natalia Figueroa (quien afirma que cualquier persona tiene tiempo libre para jugar a las cartas con unos presos) y otros generosos integrantes de una ONG llamada Horizontes Abiertos. Por fortuna, brota ante nuestra vista Patricia Conde: rubia y voluntaria, acaso no muy valorada en el batiburrillo en el que se ha convertido El informal (¡si serán desafectos, Flores & Capitán & Félix!), y resulta que, preguntando al azar (la misma calle de Preciados de Madrid de todas las encuestas), consigue que los jóvenes aclaren sus conflictos ante el humanista desafío de apoyar a quienes nada tienen: «Si tuviera dinero, sí sería solidaria o voluntaria», declara la pija de turno. Los viejos, por el contrario, perjuran que «si contaran con la juventud» perdida, no se preocuparían por el monetario. Y cualquier mortal con estos pelos.

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