30 junio 2015

El mejor regalo de mi vida

Ayer fue un día perfecto para dar y recibir. Para ser generoso a conciencia. Con todas las de la ley. A pesar de que, en algunos casos, hay que andarse con cuidado tanto con los regalos como con las intenciones de quienes los entregan. 

Por ejemplo, El País se hace eco del presente. que los Reyes Magos han traído a Cantabria gracias al presidente de esa Comunidad Autónoma, Juan Hormaechea, quien «ha acordado la adquisición en Canadá de dos toros sementales por valor de doscientos treinta millones de pesetas; uno de ellos, de nombre Sebastián, costará ciento cincuenta millones y los vendedores han puesto como condición que no se expendan dosis seminales fuera de la región». Un egoismo muy poco navideño. 

Quien sí es más desprendida es la jienense Asociación de Vecinos de Las Casillas:ABC recoge su carta a los monarcas de Oriente en la que piden «al Rey Melchor que solucione el grave peligro económico por el cual debe estar pasando el alcalde, ya que es la única persona de la vecindad que tiene recibos impagados del servicio de agua potable». Además, solicitan «al Rey Gaspar que traiga salud al alcalde de Martos» que, al parecer, lleva meses sin pisar el pueblo y, por último, imploran «al Rey Baltasar que junte sus esfuerzos al de sus colegas por si la fuerza de estos no bastara para satisfacernos». 

En El Independiente es destacable la viñeta de El Roto, que muestra a un pobre hombre, con expresión lastimera, que se dice «A ver qué me quitan este año los Reyes Magos» y también, en portada, un pequeño artículo de Antonio Gala que, muy filosóficamente, nos hace ver la intrínseca futilidad de lavavajillas, videos, microondas y demás aparatos, para concluir con que «lo que ganamos en lágrimas lo malgastamos en suspiros». Por si alguien pensaba en tener un detalle con un funcionario, Manuel Alcántara en Ya recomienda ser sutiles porque «no es lo mismo regalar unas gardenias que uno de esos Rolex de oro macizo del tamaño de un bocata» y culmina con un consejo. «De todos modos, lo más práctico con los cargos públicos es regalarles el oído». 

Tomen nota. Por su parte, Fanny Rubio en Diario 16 comenta que, después de la muñeca embarazada, es posible que «los publicistas hayan previsto la rentabilidad de otros modelos y ellos mismos contribuyan a afianzar la industria de una muñeca "superwoman" que haga el amor, cuide del bebé, arregle el baño, tenga un amante oriental y presida un consejo de administración, u otras muñecas no por insólitas menos vendibles como la "bang" terrorista, la "baty" golpeada, o la 'pinchi" enferma de SIDA». Claro, que de repente se da cuenta de que «para entonces, a lo mejor los niños y las niñas no tienen ganas de jugar». 

En cualquier caso, siempre será mejor cualquiera de esos hipotéticos juguetes que el regalo que ha ofrecido esta civilización al planeta durante el año 1989 y que, según el periódico económico Expansión, consiste en «haber sido uno de los peores años en lo que a vertidos accidentales de petróleo se refiere».

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