12 agosto 2015

Los hoteles de lujo también se resienten

La crisis ha dado para mucho en la hotelería de lujo. 

Los establecimientos de alto standing no han sido precisamente inmunes al terremoto económico. 

La gran recesión ha golpeado tanto al turismo tradicional como al más exclusivo, y eso ha provocado movimientos en la configuración empresarial de los pocos alojamientos de cinco estrellas que hay en la Costa Blanca y Valencia.

Cierres, concursos de acreedores, bajadas de categorías, ampliaciones de capital, cambios en la gestión, ventas, etc. Son pocos los hoteles top los que se han salvado de la quema en estos años de crisis, en donde la combinación de un elevado endeudamiento y el desplome de la cifra de negocio explica el duro impacto sobre la hotelería de máxima categoría. 

Los impulsores de este tipo de hoteles –en algunos casos emprendedores ajenos a la industria turística– realizaron fuertes inversiones en pleno boom, imposibles de amortizar por la bajada del número de clientes y la pérdida paulatina de rentabilidad, ya que esta clase de hoteles también se vio envuelta en una guerra de precios para no perder clientela, lo que luego minó los ingresos.

La venta del Altea Hills, traspasado por el promotor Andrés Ballester a los empresarios hoteleros Juan Ferri y José Baldo es el último ejemplo de los profundos cambios acometidos en el mapa hotelero del five star alicantino y valenciano. Ballester ha desinvertido para generar caja y reducir deuda.

Uno de los primeros en cerrar fue el Sidi San Juan: echó la persiana a principios de 2011. El establecimiento, ahogado por las deudas, sigue a la espera de comprador. El resort Villaitana de Benidorm, impulsado por la familia Cremades tras invertir 150 millones, recurrió por su parte al concurso de acreedores después de acumular un pasivo de 100 millones (ahora está gestionado por Meliá).

El Sha Wellness Clinic del Albir, en l’Alfàs del Pi, logró en 2011 salir del proceso concursal que había solicitado un año antes. El Hesperia Golf de Alicante pasó a ser gestionado por la cadena Husa y bajó a cuatro estrellas en 2010. 

Propiedad de Hansa Urbana, el establecimiento tiene colgado el cartel de Se vende desde hace años. El Hospes Amerigo, propiedad de la empresaria Alicia Koplowitz, entre otros dueños, necesitó una ampliación de capital de casi cinco millones para mantener su actividad. 

El Denia Marriott La Sella Golf Resort & Spa está ahora en manos de los fondos de inversión Starwood Capital y Sankaty, que se han quedado los créditos pendientes que tenía el hotel con Bankia.


Por su parte, en Valencia, desde la celebración de la Copa América, la nómina de hoteles de cinco estrellas ha caído en picado. El Sorolla y el Hilton, dos grandes hoteles separados por apenas 50 metros, han perdido una estrella por el camino. 

El primero está ahora operado por Sercotel, mientras que Meliá gestiona el segundo. Pero también se han producido sonados cierres: el histórico Monte Picayo y del Sidi Saler, ambos en el entorno de Valencia, al igual que el complejo La Calderona y el Mas de Canicattí, en Vilamarxant.

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