25 agosto 2015

Se duplica el tomate para conserva

El tomate para conserva andaluz está de moda. La superficie dedicada a este cultivo crece todos los años debido a la buena rentabilidad que ofrece. 

Así, el número de hectáreas plantadas ente año alcanza las 6.487, un 54% más que el año anterior, lo que supone un incremento en cifras absolutas de más de 2.200 hectáreas.

Según los últimos datos recogidos por el Registro de Superficies y Producciones de la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural.

Este dato positivo viene a corroborar una tendencia al alza que se está produciendo en el último lustro. De manera que si atendemos a la media de superficie de tomate para conserva entre 2010 y 2013, el crecimiento es de un 116%, pasando de las 3.002, a las 6.487 actuales.

"En los últimos años, este tipo de tomate está teniendo una rentabilidad mejor que otros cultivos que, por el contrario, están sufriendo un descenso en sus márgenes", explica Jesús Valencia, portavoz de Coag en el sector y gerente de la cooperativa Las Marismas de Lebrija, que asegura que el kilo de tomate se está vendiendo a 0,072 euros.

Y es que la producción de este cultivo se concentra principalmente en la provincia de Sevilla, entre los municipios de Los Palacios, Utrera, Las Cabezas de San Juan y Lebrija, que acumulan más de 6.000 hectáreas de las totales. 

"En estos momentos, estamos a la máxima capacidad que pueden asumir las fábricas de la zona", reconoce.

Aunque el tomate para conserva de esta zona "tiene el hándicap de que no podemos prolongar mucho la campaña, porque las lluvias de otoño llegan pronto, sí es cierto que somos los primeros en recolectar de toda Europa, incluso antes que los extremeños, principales productores", prosigue Valencia, que conoce bien el sector ya que lleva desde el año 86 desarrollando su labor como productor.

 El 80% de la producción que se obtiene en Andalucía se exporta, sobre todo, a países de Europa. No obstante, los tomates sevillanos llegan también a África, Oriente Medio o Japón.

Con ellos se fabrica la base de todas las salsas de tomate, "que consiste en zumo de tomate al que se le quita el agua por arrastre de vapor", abunda el representante de la organización agraria. Tomate frito, ketchup o salsa para pizzas son los productos elaborados más comunes que se sirven de este cultivo.

"Es un producto muy valorado porque genera un gran número de empleos y ayuda a que la gente permanezca en zonas rurales porque necesita mucho cuidado, quitar las malas hierbas o un riego por goteo muy específico. Por eso, ha ayudado a aliviar los efectos de la crisis", insiste Valencia.


"El agricultor de la zona conoce bien este tipo de tomate, por eso está plantando más superficie en lugar de la remolacha, el maíz o el cereal", concluye.

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