04 diciembre 2015

El rey Juan Carlos en chándal

Tal vez no fuese el propósito de los productores, ni el designio de actores y guionistas, pero lo cierto es que la miniserie de Telecinco ha conseguido relanzar el debate sobre la Corona española a un nivel donde antes sólo había llegado una portada de El Jueves: a la carcajada. 

Media España está muerta de risa con el invento y no hay más que ver los comentarios en los foros de internet para ver que si unos han seguido las peripecias de Don Felipe y Doña Letizia como si fuesen un culebrón venezolano, otros lo han tomado como una versión monárquica de Falcon Crest y algunos, no menos numerosos, como una parodia de Muchachada Nui.

Hubo momentos impagables, como la visión del Rey Juan Carlos en chándal, y frases de antología, de ésas que explotan en las orejas. La mejor de todas, un diálogo increíble que muestra toda la desconexión y lejanía de la Familia Real respecto al pueblo mucho más que 12 libelos antimonárquicos. 

El príncipe galantea con Letizia en medio de una fiesta y dice que va a llevarla a casa. Ella responde que vive en las afueras y él dice, sin ironía aparente: «Yo también». Entonces le pregunta si vive con sus padres y ella contesta que no, que vive sola. «Yo también vivo solo ahora, en la Zarzuela, en un edificio aparte». Ella sonríe y expresa la irrisoria felicidad de tantos españolitos de a pie: «Me acabo de comprar un piso en Valdebernardo. 80 metros». Felipe responde entonces con una réplica que parece firmada por Peñafiel y por la que hubieran matado J. R. o Angela Channing: «Tu piso entero cabría en mi dormitorio». Todo sin carcajadas de fondo.

La irrealidad absoluta de la monarquía española cabe en esta sola frase. También cabe en una que pronunció Felipe días antes de emitirse el primer capítulo de la serie, cuando superó a su álter ego ficticio al aconsejar a los casi cinco millones de parados que no se preocupasen, que su situación es transitoria. Como si un incondicional del caviar pudiese calibrar adecuadamente tales conceptos.

Quienes se emocionaron con la boda real ahora se descojonan con el idilio irreal. Como las buenas novelas, la historia de los príncipes proporciona sonrisas y lágrimas. Tal vez la serie sirva, sin proponérselo, para descorchar el veto de silencio que circula en torno a los Borbones pero lo dudamos mucho. Los españoles somos muy serios y aún nos queda mucho camino para tomarnos a nuestros reyes como los ingleses a los suyos, con mucho humor y mucha paciencia. Al menos un inglés sabe que, a falta de algo mejor, un príncipe a veces sirve para pasar un buen rato. Aunque sea transitorio.

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